t>
logo

Tag : burningmetaphors

12 Jun 2018

No te preocupes, hay muchos peces en el mar

 

No te preocupes, hay muchos «peces en el mar”.

Qué sabrán ellos de mares, si nunca se han lanzado de cabeza a tus profundidades y sin miedo al golpe, con la certeza de que, contigo, jamás se toca fondo.

Si no saben lo que es no necesitar el aire para respirar si tengo tu aliento.

Si nunca han sentido la confianza ciega que supone sumergirse en ti sin tener la certeza de volver a salir a flote. Y sin que te importe lo más mínimo.

Y a mí qué me importan los otros peces.

Que por mucho que sus escamas tengan mil colores brillantes,

a mi me gusta el pez gris. El que, aunque me intoxique,

me alimenta.

Ya vendrán tiempos mejores”.

Tiempo. Qué sabrán ellos del tiempo.

¿Acaso alguna vez han estado durante horas, días, debajo de unas sábanas sin sentir hambre, sed, o frío? ¿Acaso ellos han perdido así la noción del tiempo? ¿La noción del espacio? ¿Acaso ellos se han olvidado que existe una vida fuera de ese colchón?

Que no me hablen de tiempo si no saben lo que es estar dispuesta a dar tu vida entera solo por volver a un segundo concreto.

Que nadie se atreva a hablarme de los tiempos que vendrán, si no tienen ni idea de cómo ha sido el tiempo que no volverá.

Esa persona no era para tí”.

Entonces, ¿Quién? Si una persona que me eriza hasta el último centímetro de mi piel solo con mirarme, no es para mí, ¿Quién?

Si una persona que es capaz de conseguir que cierre los ojos y ande hacia donde él me diga, convencida de que nada malo va a pasarme, no es para mí, ¿Quién?

Si una persona que puede hacerme pasar de la risa al llanto en un segundo, en una palabra, no es para mí ¿Quién?

Si una persona que me conoce tanto que sería capaz de dibujarme por dentro no es para mí, ¿Quién?

«Después de la tormenta siempre llega la calma».

Valiente afirmación. Ya que nadie me ha preguntado que prefiero.

Que prefiero tu caos, tu desastre, a la asfixiante monotonía de la vida en calma con cualquier otra persona que no me deshaga el pelo.

Lo peor es que confieso que tenéis todos razón.

Confieso que vuestras afirmaciones, aunque vacías y banales, me llevarían por mejor camino que el que estoy siguiendo en estos momentos.

Igual que confieso que mi peor defecto es

no saber soltar.

¿Por qué no puedo transformarte en recuerdo lejano?

¿Por qué no concibo un yo sin estar enredada en ti?

¿Quién era antes? ¿Quién seré después? ¿Qué me pasa?

¿Por qué la gente es capaz de pasar página y yo sigo ahí,

releyéndote,

con terror de ver que hay en los siguientes capítulos?

Espero algún día poder escuchar a quien debo escuchar,

y dejar que escuchar a quien no debo.

Espero encontrar otro pez, en otros tiempos, que me calme, y que sea para mí.

Espero que la vida me enseñe, por fin, mi asignatura pendiente:

dejar ir.

 

Escrito por: @burningmetaphors

 

24 May 2018

Ella, tu punto y seguido

Ayer salí.

Y, cuando iba por mi cuarta copa,

la vi.

Ella,

por la que decidiste ponernos punto y final.

Ella, tu punto y seguido.

Ella, la que despierta junto a ti,

la que vuelve a casa con tu olor pegado a su ropa,

la que provoca tu risa,

la que provoca.

La analicé,

me comparé,

la maldije

me torturé,

fui la mujer que siempre me prometí

no ser.

Ella,

la misma que no sabe nada.

La que no sabe que, cuando tardas, es porque estás conmigo.

Que, en tus contactos, mi nombre no es el mío.

Que me dices que la amas, pero que a mí me necesitas.

Aquella a la que podría destrozar,

si quisiera.

Aquella que recibe el rencor que deberías recibir tú,

si pudiera.

Ella, la que escoges para ser tu luz,

mientras a mí me mantienes a la sombra.

Yo la vi,

pero ella también me vio a mi.

Intercambiamos miradas de rabia.

Esa rabia tan triste

que existe

entre dos mujeres que pelean por aquel que les roba el aire.

Dos mujeres

que son enemigas,

cuando deberían ser aliadas.

Ella ocupa mi lugar,

y aunque no la quiera odiar,

lo hago.

Ella, más parecida a mí de lo que cree.

Las dos hemos sido tu luz y sombra,

las dos estamos ciegas.

Las dos perdonamos lo imperdonable,

las dos dejamos de ser,

para ser contigo.

La compadezco.

Y aunque, la parte más primitiva de mi le desea todos los males,

no se los deseo.

Solo espero que sobreviva a ti.

Porque, aunque la odie,

la compadezco.

A ti no te puedo odiar.

Pero seguro que, jamas,

me voy compadecer,

ni un poco,

de ti.

 

 

08 May 2018

Nunca debí convencerme de que eras mi calma.

Nunca debí convencerme de que eras mi calma.
Nunca debí dejar que tú fueses el que secases las lágrimas que derramé por ti.
Nunca debí pedirte que me ayudases a curar las heridas que tú mismo provocaste.
Me refugié de la lluvia entre tus brazos, cuando tú eras la tormenta.
Te busqué cuando todo estaba a oscuras,
sin saber que tú eras el que me tapaba el sol.
Dejé que me arropases cuando tenía frío, siendo tú el invierno.
Nunca, jamás, debí dejarme llevar por el falso consuelo que puede proporcionar la persona que causa la tristeza.
Nunca debí engañarme con un placebo, sin buscar la cura.
Nunca debí elegir  el camino fácil,
después, caminando, contar todas las piedras que había.
Había montones, en un camino sin fin..
Así que decidí darme la vuelta y andar por otros senderos. Tal vez así podría encontrar a dónde quería llegar realmente.
Y ahora que de mis cicatrices empiezan a nacer flores,
ahora,
eres tu quien llora.
Ahora eres tú quien llora por las noches,
ahora quieres hablar.
Ahora quieres cambiar.
Ahora te has despertado y te has dado cuenta de que esta vez me he ido de verdad,
ahora te preocupas,
ahora ya te asustas.
Ahora eres tú quien llora. Y pretendes que yo llore contigo.
Y te aseguras de que me dé cuenta de que lloras por mi ausencia.
Ahora que ya lloras, dices que es por amor.
Pero es por dependencia.
La misma que tuve yo un día.
Que no es hoy.
Ahora eres tú quien llora y no diré que me alegro de tu angustia.
Si me alegro de algo,
es de que por fin puedas entender lo que es ver escapar tu bote de oxígeno hacia la superficie,
mientras tu te has quedado atascado en las profundidades.
05 May 2018

A veces, confundo el sentir amor con el sentir calor

Lo confieso.
A veces, confundo el sentir amor con el sentir calor.
Me cobijo entre tus brazos, donde no hace frío.
Entre las sábanas, contigo, parece que no pueda ocurrir nada malo.
Aunque ahí sea donde pueda ocurrir lo peor.
Tal vez sea esa sensación de falsa protección la que haga que mi mente débil y manipulada piensen que lo que siento
se llama amor.
Si. A veces, confundo el sentir amor con las ganas de sentirlo.
Contigo, el tiempo no corre. Los que (nos) corremos somos nosotros.
En ese momento soy ligera,
libre,
eterna.
En ese momento decir «te quiero» es más fácil que nunca.
Y te lo digo. Y tu también me lo dices.
Y parece que nos lo creemos.
A veces, confundo el sentir amor con mi obsesión porque me quieras.
Aunque tus actos gritan fuerte lo contrario.
Aunque los hechos se colocan delante de mí,
y no me dejan pasar hasta que los miro fijamente.
Sin gafas. Sin vendas.
No me dejan seguir hasta que no ven mis heridas sangrar de nuevo.
A veces confundo el sentir amor con la falta del mío propio.
Solamente tengo ganas de vivir, cuando nos quitamos la ropa,
y miras mi cuerpo como si se tratara de la última vez que vas a ver uno.
Y, aunque sienta esa euforia fugaz cuando me proclamo diosa encima de ti,
confieso que no sé como mirarme al espejo después.
En definitiva. A veces, confundo el sentir amor con cualquier cosa parecida que el caos en el que habito me permite sentir.
Escrito por:@burningmetaphors
Otros escritos del mismo autor: