Los pensamientos negativos nos debilitan y nos cortan las ideas buenas que tenemos. Pensar en negativo solamente es un hábito. Es una costumbre defensiva que hemos adquirido para no vivir algo que nos hace daño. Vivir desde el «no puedo porque» evita que nos enfrentemos a decepciones que no queremos vivir. Aceptar que en la vida no siempre salimos airosas al ciento por cien en lo que deseamos, es ir aprendiendo a vivir. Es ser positivo.
Con los pensamientos negativos solo anticipamos desastres imaginarios. De esta forma evitamos hacer y ponernos en peligro. Lo gracioso es que ya vivimos el desastre antes de que ocurra. Lo gracioso es que si pienso que no puedo aprender francés, ya estoy logrando no aprenderlo. Y así evitamos las dificultades y los retos que hacer algo nuevo siempre trae. Nos escondemos detrás de esos pensamientos negativos para no sufrir. Sin darnos cuenta que por tener esos pensamientos negativos, ya estamos sufriendo.
Cuando sufrimos por algo que nos ocurre en el cuerpo, como una gripe, ponemos remedio. Vamos al médico. Utilizamos remedios que nos han ido bien en otros momentos. Pero que pasa ¿cuando lo que nos hace sufrir es nuestra forma de pensar negativa? Muchas veces nos contentamos con decir: Es que yo soy así y no hacemos nada.
Cómo parar los pensamientos negativos
Primero y más evidente es aceptar que tenemos pensamientos negativos. Aceptar que los pensamientos negativos los hago y alimento yo. Pero no son «mi yo». Muchas veces solo son pensamientos que están en mi entorno y que yo he hecho míos sin pararme a ver si son ciertos o no. Sin pararme a ver que errores hay en ellos. Y siempre los hay. El más común es el de la generalización. Ya se que es un tópico pero voy a ponerlo: «las mujeres gordas no gustan a los hombres» yo tengo unos kilos de más, por lo tanto no gusto a los hombres. Mentira. Muchos hombres prefieren a una mujer con formas rellenas y no maniquíes de escaparate. Pero si yo he interiorizado esta idea me sentiré insegura y evitaré ponerme en riesgo de que me digan que no. Seguiré perpetuando una idea errónea. En cambio, si no nos dejamos llevar por esa idea, podremos dejar de lado todos esos pensamientos.
Utilizar el PERO es muy útil.
Cuando detectamos un pensamiento negativo poner el «pero» detrás y concluir la frase con una afirmación que nos guste y que sabemos que tenemos, es un buen ejercicio para quitarle protagonismo al pensamiento negativo. El pero, si lo piensas, lo utilizamos mucho para devaluar nuestras características positivas, entonces ¿por qué no lo vamos a utilizar para frustrar nuestros pensamientos negativos?
Tengo mucho genio PERO me río con facilidad. Es verdad que tengo genio pero le he quitado el poder y se lo he puesto a la risa. Seguro que si te ves riendo, el genio poco a poco irá dejando de ocupar el espacio que tu no quieres y dejarás de sentirme una persona persona irritable.
Utilizar la interrogación
Es otra forma de quitar peso a nuestro pensamiento negativo. Si me observo diciéndome algo que me hace sufrir a continuación pregúntate si es así. Imagínate que piensas «me huelen mucho los pies», lo puedes cambiar por «¿me huelen mucho los pies? Verás que con esta forma tu pensamiento será más objetivo. Descubrirás si realmente te huelen y pones remedio o si es un olorcillo normal que al terminar el día y sacar nuestro pie del zapato, todos podemos sentir.
La distracción
No te quedes rumiando tu pensamiento, sal de él con una distracción. Haz algo que ocupe tu mente y que te guste y recréate en ello. Fíjate en lo bien que te sientes realizando esa actividad y no la vivas como un recurso que has utilizado. Dale la importancia que tiene sin quitarle ni una coma.
Ser más positiva
Ser positiva es coger el hábito de apoyarte en lo que sabes que son tus puntos fuertes y poner menos énfasis en tus defectos (que todos los tenemos, hasta el más exitoso entre las personas que conocemos). Escoger los pensamientos que te hacen sentir bien e identificarte más con ellos es la forma en que te vas a sentir mejor contigo misma