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Tag : madurar

08 Jul 2018

No lo llames madurez

“La única costumbre que hay que enseñar a los niños es que no se sometan a costumbres”

Jean-Jacques Rousseau.

 

Nacemos con la ilusión grabada en las retinas, desbordados por el ansía de descubrimiento. En esos años de niñez caemos infinidad de veces, una tras otra, y como muelles, nos levantamos con aún más fuerza. Tomamos ese hecho como algo natural, innato.

 

Las prioridades cambian y primamos la estética a la comodidad

 

Más tarde, llamaremos madurez al acto de olvidar lo anterior, y qué desacierto. Crecemos e intentamos distanciarnos de aquello a lo que otorgabamos un valor inmenso en la infancia; ese afán por la búsqueda de lo desconocido, la excitación por romper las reglas, la carcajada por la carcajada. Las prioridades cambian y primamos la estética a la comodidad, las largas tardes tendidas en el césped o bajo la lluvia son sustituidas por el pavor a mancharse, y el rechazo a cualquier tipo de riesgo se convierte en una máxima.


Nos disfrazan de sensatez la pasividad y así lo aceptamos. Nos insisten en la importancia de ser prudentes, cautelosos. Tildan de utopía nuestras aspiraciones y nos dibujan el fallo como un delito penal o un motivo de repudio.

 

Las rutinas nos ahogan y, aún así, el miedo a perder la estabilidad nos impide cualquier tipo de oscilación

 

Las rutinas nos ahogan y, aún así, el miedo a perder la estabilidad nos impide cualquier tipo de oscilación. Elegimos lo programado negando aquello que nace de un pensamiento momentáneo. Convertimos en esquemas sistemáticos nuestros días. Lo emocional ahora es reemplazado por lo productivo.

 

Cuándo seremos nosotros aprendices, y no maestros de dogmas que esclavizan futuros

 

Mientras tanto, los niños siguen preguntándose cuando llegará el momento en el que enfermen de, lo llamado, madurez y se vuelvan adultos sin tiempo y sin ningún objetivo que les remueva por dentro. Y en vez de aprender ellos, son los pequeños los que observan cada una de nuestras decisiones y las engullen para en su día tomar las mismas. Cuándo seremos nosotros aprendices, y no maestros de dogmas que esclavizan futuros. Cuándo, conscientes de los grilletes, los romperemos y aprenderemos a andar en una cuerda que nunca ha sido tan floja como nos la han descrito.

 

Escrito por:
Marta González
Otros escritos de Marta:
12 Abr 2018

Cosas que te hacen crecer como persona

Cosas que te hacen crecer como persona

Crecer como persona no es algo que ocurra de la noche a la mañana, en un proceso que va ocurriendo poco a poco. Si lo piensas bien, seguro que no eres la misma persona que hace un par de años, incluso quizás que la de hace un mes. A veces crecemos de forma natural, por distintas experiencias por las que pasamos, y otras veces hacemos un esfuerzo por crecer. ¿Cómo hacerlo?

 

Crecer como persona no es algo que ocurra de la noche a la mañana, en un proceso que va ocurriendo poco a poco

 

Quiérete a ti misma

Una de las tareas pendientes que todas tenemos es querernos un poquito más. Apreciarnos por lo que somos y querer cada parte de nosotras, cada defecto y cada cosa a la que llamamos imperfección. Debes quererte a ti misma, solo así serás capaz de querer a otros, de apreciar la vida y de poder disfrutarla.

 

Perdonar

Es muy fácil decirlo y no tanto a veces hacerlo. Cuando hay un dolor profundo que ha sido causado por alguien a quien queremos es difícil perdonar del todo. Es una tarea que es necesaria para tener tranquilidad interior y sentirte libre. Libérate de pensamientos negativos que te hagan sentir mal.

 

Hazte respetar

Hay personas más tímidas que otras, personas que se dejan avasallar y otras que no. Si eres de las primeras, tienes que aprender a hacerte valer, a hablar por ti misma. A decir tu opinión aunque todo el mundo opine lo contrario y a defenderla aunque la gente te lleve la contraria. Haciendo esto defines tu opinión, te presentas a la gente de cierta forma y te ves a ti misma como una adulta con una opinión propia. No tengas miedo de hablar, de decir lo que se te pasa por la mente.

 

Descubre qué es lo que te gusta

Descubre cuáles son tus películas favoritas, por qué te gusta un personaje y no otro. Analiza cuál es tu opinión política y define tus valores. No sigas lo que otros hagan, descubre qué es lo que te enciende a ti el alma.

 

Deja que entre nueva gente en tu vida

A medida que crecemos es cada vez más difícil conocer gente nueva, ya sea amigos, pareja o compañeros de trabajo. Dale una oportunidad a esa gente nueva a la que vas conociendo. Nunca sabes lo que te van a aportar y como sin  Quizás la relación tarda un poquito más en desarrollarse que hace unos años, pero también se puede desarrollar relaciones cercanas cuando se crece.

 

No tengas miedo de ser tu mismo

Desde que nacemos nos están diciendo como debemos ser. Nos llegan mensajes constantemente que tratan de moldearnos para que seamos de cierta forma.  La familia, los amigos, la televisión. Al final del día, si eres lo que otros quieren que seas, nunca van a estar feliz contigo mismo. No tengas miedo de mostrarte tal y como eres. No tengas miedo de lanzarte a la piscina y hacer todo eso que quieres hacer. A veces, somos nuestros peores enemigos, limitándonos más de lo que deberíamos.

 

Prueba nuevas cosas

Vete de aventura, haz un viaje de carretera. Lee un nuevo libro. Aprovecha tu tiempo y  trata de aprender algo nuevo todos los días.  Todos esos aprendizajes harán que vayas aprendiendo cosas sobre el mundo y sobre ti misma. El conocimiento es el camino para saber quien eres, y quien no quieres ser.

 

Se responsable de tus actos

Si haces algo mal. Dilo. Rectifica y cambia. A veces cuesta la vida admitir ante otros que nos hemos equivocado, que lo hemos hecho mas. Admitirlo es crecer, darse cuenta de que no se es perfecto y de que hay cosas que hay que cambiar para no repetir los mismos errores mas veces.

 

Escucha tus instintos

Muy a menudo tenemos la solución delante de nuestras narices pero no hacemos caso. Escucha lo que te dice tu voz interior. Esa voz que te conoce y sabe como te sientes

 

08 Abr 2018

Convierte los problemas en aprendizajes

¿Qué es un problema?

Todos nos asustamos en el momento que oímos la palabra problema.  Ya desde niños se nos ponía el ceño fruncido cuando el profesor de “mates” nos decía:  “Hoy problemas”.  Asociamos esta palabra a algo difícil o muy difícil, y nada más lejos de la realidad.  El problema siempre tiene solución, si no: no es un problema.  Lo importante no son los problemas, lo importante es como te relacionas tú con la situación y convertirlo en un aprendizaje 

Actitudes ante el problema

A veces la primera actitud que tenemos cuando nos enfrentamos  a un problema es huir de el. 

 

Vivir la solución encontrada, es estar dispuesto la mayoría de las veces, a aprender cosas nuevas.

 

Una actitud de miedo, te lleva a una retirada precipitada, o, a un bloqueo o paralización.  Negar el problema no forma parte de la solución.

Una actitud vanidosa, consiste en que solucionas el problema pero siempre piensas que podías haberlo hecho mejor.

Una actitud orgullosa, en ella “te dejas la piel” antes de reconocer y aceptar la ayuda de otro.

Otra actitud es VIVIR los problemas como aprendizajes, es la lleve que nos abre a las soluciones.   No hay problemas, como  ya dijimos,   y vivir la solución encontrada, es estar dispuesto la mayoría de las veces, a aprender cosas nuevas.  Es entrar en un recinto nuevo.

 

Estrategias para encontrar soluciones

Condición importante para encontrar soluciones es estar abiertos.  Un problema puede tener varias soluciones y aferrarse sólo a una, puede ser lo menos inteligente.  Es importante ver los matices dentro de la solución que hemos elegido porque, esos matices que conlleva la solución, pueden volverse un problema adicional más adelante.

Otra condición, es que seamos capaces de distanciarnos del problema. Verlo con perspectiva, nos ayuda a no involucrarnos emocionalmente más de lo necesario.

Para esta estrategia nos puede servir:

Plantear el problema y sus soluciones por escrito.  Plantear bien el problema, es más importante que la solución (¡¡Ya lo dijo Einstein!!!!), porque soluciones puede haber varias y todas útiles

Relativizar el problema.  Nada es tan grande como nos puede parecer en un principio.  La vida no nos pone delante de un problema que no tiene solución. 

Viajar, separarnos físicamente de la situación problemática es bueno si ésta nos absorbe demasiado.  

No digo: «es que…», digo «podría»          

 

Cambiar su formulación.  Si, has leído bien.  Solemos empezar a hablar de un problema con la expresión “es que…” e igual te interesa saber que si cambias estas palabras por “podría”, la solución que te llega puede ser más real y menos teórica.  Piensa que vas a una fiesta.  Problema:  como me visto.  Si comienzas con:  “Es que no sé que ponerme”, “es que no tengo nada…”  ir a la fiesta se te convierte en una montaña a escalar PERO si te dices:  Para ir a la fiesta: “podría comprarme algo nuevo”, “podría ponerme el vestido rojo, no me he puesto hace bastante”…  Parece mentira, pero dentro de la formulación ya tienes una respuesta proactiva y el problema ya lo vemos con respuestas viables.

Tomar conciencia de que el problema no te toca a ti solucionarlo. Es decir, sabes del problema, lo ves, pero también sabes que la solución está en las manos de otro.  Obcecarte a solucionarlo tú, solo te puede trae “dolores de cabeza” y no la solución.

Y la última estrategia es:  no hacer nada.  Todos hemos dejado en algún momento los problemas descansando y nuestra mente parece ausente. 

Decisión y Acción: Fundamenta

 

No hay solución a un problema si no tomamos una decisión y la llevamos a la práctica

 

Decisión y acción van de la mano.  No hay solución a un problema si no tomamos una decisión y la llevamos a la práctica.  Y aquí entra el aprendizaje. La solución trae  implícitas nuevas estrategia de acción.  Tenemos que traspasar alguna puerta que no hemos abierto antes y entrar en un nuevo territorio desconocido para nosotros y hay que ajustar las leyes nuevas de ese “espacio” a nuestra experiencia.  Ese “ajuste” es precisamente el tiempo de aprendizaje y crecimiento, que toda nueva situación resuelta nos proporciona. 

Hay veces que nos puede resultar incordiante, porque nos llama a dejar maneras de pensar y actuar que nos resultan conocidas, y que nos han resultado bien antes pero para este problema no sirven y, hay que dejarlas atrás.

Solucionar nuestros problemas, día a día, es lo que nos permite vivir en el aquí y ahora y disfrutar de la vida.

 

 

17 Ene 2018

Cómo madurar como persona

A lo largo de la vida todos vamos maduramos. No importa si tienes 20, 30 0 40 años. Todos vamos pasamos por experiencias que nos hacen crecer, aprender y ver la vida desde un prisma distinto.

Viajar nos abre la mente, leer nos lleva a sentir otras cosas y pensar de forma distinta. Las relaciones de pareja nos cambian, nos hacen enfrentarnos a nuestros miedos y en muchas ocasiones a nuestros demonios internos.

¿Quieres madurar como persona?

Para madurar como persona lo primero que tienes que hacer es no tener miedo a salir de tu zona de confort. De hecho, salir de la zona de confort es la única forma en la que vas a poder cambiar. Si no, lo que te va a pasar, es que  siempre te vas a quedar en el mismo lugar, pensando de la misma forma. Las experiencias nos hacen enfrentarnos a la vida de forma distinta. Aprendemos sobre nosotros mismos, porque de forma indirecta nos estamos poniendo a prueba. Estamos viendo como actuaríamos ante cosas desconocidas, sobre las que no tenemos el control.

No puedes decir pues yo habría hecho tal o cual.. es el ser humano es complejo y ninguno sabemos como actuaríamos ante ciertas cosas. Somos imprevisibles.

Cuáles son las características de una persona emocionalmente madura?

Estas actividades son hacen madurar. Enfrentarnos a nuestros sentimientos y aprender a dominarlos de forma racional sin dejarnos llevar por el momento.

Las personas que son emocionalmente maduras saben como reaccionar cuando algo se pone feo. Se ponen a pensar y guiándose por su cabeza, pero también por su corazón, toman la decisión más acertada.

Las personas emocionalmente maduras no son impulsivas. No van a soltarte una bordería en cuanto haya algo que no les gusta, no se van a comportar como si fueses niños enfadados. Las personas emocionalmente maduras sabrán como sobreponerse a cada situación.

Cosas a tener en cuenta si quieres madurar como persona

Saber decir adiós

La vida va cambiando, no te quedes anclado en el pasado. Aprende a dejar ir las cosas cuando toca. Madurar es saber poner límites y  ser conscientes de que los cambios son buenos

Dejar de quejarte

Quejarse es muy fácil y no asumir nuestros errores también. Una característica de una persona madura es aceptar las cosas tal y como vienen sin quejarse. Esto no quiere decir que no luches al máximo por lo que quieres, pero siempre con una actitud de responsabilidad sobre lo que ocurre.

¡Está bien cometer errores!

Cometer errores está bien, y aceptar que los cometemos también

 

23 Dic 2017

Cuando vuelves a casa por Navidad

Estás en el medio de dos mundos. La universidad está apunto de acabar, pero todavía no has entrado de todo en la etapa adulta. Vuelves a casa por Navidad.

El sentimiento que te llena es el de estar como “ entre medio”. Te da la sensación de que tu vida ya está en otro sitio. Tu trabajo o estudios está en otra ciudad, y  has hecho nuevos amigos que son como una familia postiza. Te has despedido de ellos con lágrimas en los ojos a pesar de que los verás en un par de semanas porque estarán a km de distancia. Y ellos se han convertido en ese punto de apoyo durante todos estos meses en los que has estado fuera.

Llegas con sentimientos encontrados. Te encuentras con que hay cosas que antes eran el día a día y ahora han cobrado un nuevo sentido. Dejaste en  casa de tus padres tu pasado, tus recuerdos. Y al llegar  nacen sentimientos que no sabías que existían hasta ahora..

La casa de tus padres está llena de pequeñas piezas de lo que eras y algunas de lo que sigues siendo. Los peluches que descansan en la cama tal y como lo dejaste recuerdan tu infancia y ese lado inmaduro que se quedó ahí cuando decidiste salir de tu zona de confort y enfrentarte sola a la vida. De hecho, la habitación está intacta, tal y como estaba el día que saliste de casa para enfrentarte a lo que sería tu nueva vida.

Observas las fotos que cuelgan de la pared, todos los momentos vividos. Te sorprendes dándote cuenta de lo pequeña que eras. Recuerdas lo que te importaba lo que la gente pensara de ti y todas las mentiras que le tenías que contar a tu madre para pode salir por la noche. Te das cuenta de lo que has madurado y de que ya no te importa lo que la gente piense de ti, porque sabes que hay cosas que son mucho más importantes.

En el salón también parece que todo sigue tal cual lo dejaste. Tu familia habla en la cocina mientras  tú buscas y observas los pequeños detalles que indiquen que el tiempo ha pasado, que ha habido vida en estas cuatro paredes durante el tiempo que has estado fuera.

Notas que tu perro está un poco más mayor, y que le cuesta un poco andar. Entre risa y risa, notas que estás en casa, esa sensación de protección y cercanía, pero al mismo tiempo te sientes como un invitado que lo ve todo como en tercera persona.

Conduces por las mismas carreteras que siempre, esas mismas por las que pasaste durante tantos años. Antes conducías y andabas por esas zonas como en autopiloto, en cambio, ahora tienes que pensar por donde vas. Ya no es tan natural como antes solía serlo. Pasas cerca de tu colegio y te entra un sentimiento de nostalgia. Ves a los niños saliendo de clase y llegan a tu mente muchos recuerdos. Parece que todo es igual, pero todo es distinto. Es un periodo de tiempo que no vas a recuperar. Puedes ver que todo es familiar, pero nada será igual que cuando tenías 16 años. Tus amigos son personas distintas, y los miembros de tu familia también. Cada una de las personas que conociste cuando tenías 16 años son ahora gente distinta. Y no es una cosa mala. Simplemente las forma en la que eran las cosas a los 16 años son un recuerdo ahora. Y eso lo hace todavía mucho más especial.

Volver a casa es extraño porque es una forma de reconocer que las cosas no van a volver a ser iguales. No van a volver a ser tan inocentes como lo eran. Tampoco vas a sentir que tienes todo el tiempo del mundo por delante.

No es que seas muy mayor y ya no te quede tiempo. Pero has llegado al punto en el que te das cuenta de que si quieres algo tienes que ir a por ello. Tienes que dejar de lado el “ yo intentaré en algún momento” “quiero hacer eso cuando crezca” Es ahora cuando están ocurriendo las cosas e ir a casa solo hace que eso se acentúe.

Parece que da miedo. Quizás todavía no saber lo que quieres o lo que quieres hacer. Ir a casa te hace sentir raro, pero también te recuerda que debes seguir trabajando para ser esa persona que a los 16 años querias ser.