Una historia, un comienzo, un viaje.
Viajar por la vida es nuestra realidad desde el momento que nos engendran. No decidimos, hay quienes dicen que sí, el punto de partida, pero si decidimos continuamente el destino y su trayectoria.
El destino de todos los que viajamos es la felicidad. Es encontrarnos en nuestro viaje como pasajeros dichosos mientras exploramos la diversidad con la que en todo momento nos tropezamos.
Hay veces que en nuestro equipaje nos encontramos, porque no lo revisamos a tiempo, ropajes que no nos pertenecen. Ropas que han pertenecido a personas que queremos y que sin darnos cuenta hemos hecho nuestras, pero que si las miramos, vemos que no podemos sentimos cómodas con ellas. Son de otros tiempos, de tiempos marcados por el miedo.
Sacarlas de nuestras maletas aligeran nuestro viaje. Nuestro tiempo es distinto al que han vivido otras personas en otros momentos de la historia porque aunque las generaciones podamos estar próximas en el reloj, podemos estar separadas «años luz» en nuestros intereses y proyectos.
Es importante que nuestro viaje, sea nuestro. Es importante que nuestro viaje se adapte al momento presente. Olvidemos la frase de «Ya, ya, pero ten en cuenta lo que pasó en…, lo que pasó hace…,» En el tiempo creamos de acuerdo a lo que sabemos, y si queremos repetir: repetiremos y si queremos innovar: innovaremos.
Además, para los más convencionales, en el tiempo y en el espacio… está todo; y lo que nadie nos puede negar es nuestra capacidad para optar por lo que más nos gusta, por lo que más nos defina como personas que queremos vivir siendo nuestra meta la felicidad.
Si preguntamos a las personas que nos aman y que están cerca de nosotros qué quieren para nosotros, con seguridad te digo que, quieren que seamos felices.