Un elefante se balanceaba
“Un elefante se balanceaba sobre la tela de una araña y al ver que no se caía fue a llamar a otro elefante, dos elefantes se balanceaban…” ¿Te acuerdas de esta canción infantil? Seguro que no has conseguido leer esta frase sin poner esa inocente vocecilla infantil y te ha trasladado por unos instantes a aquellos primeros años de vida.
¿Has pensado alguna vez que tú eres realmente un elefante? Eres un animal donde ya ha perdido toda esa inocencia y cada vez que aumentabas uno año de vida te ibas haciendo más grande pero también cada vez ibas pesando más, y no me refiero físicamente. Cada año se sumaba un kilo de responsabilidad sobre ti, más trabajo, más estudios, más tareas, llegar a más
sitios en menos tiempo, más veces escuchar frases tipo “es que ya tienes una edad, ya deberías saber hacer esto” … En resumen, una mierda.
Mientras sentías como sobre tu espalda aumentaba la carga y cada vez te sentías más pesada, te encuentras con que cada vez es más difícil mantener el equilibrio y que, por tanto, te has caído innumerables veces, tantas que ya has perdido la cuenta.
Tu vida es una tela de araña, fina y bamboleante que hace que tengas que estar continuamente moviéndote para no pesar demasiado en los extremos, los lugares más débiles para una masa pesada que haría que se fuera desquebrajando y al final se rasgaría para dar lugar al abismo más oscuro.
Hablemos de los extremos, la RAE lo define como “punto último a que puede llegar algo”.
Lado A; estudios, trabajo… aquello que es tu carga laboral o estudiantil diaria, lo que te sustenta o te sustentará en un futuro. Si no realizas este pequeño sacrificio diario o bien suspendes o bien dejas de ganar dinero, en ambos casos terminarías con un mal futuro.
Lado B; vida social, amigo y familia y todo lo que tenga que ver contigo misma; forma de ser y estar, aficiones, metas, etc. Si no te involucras con las personas que te rodean pasarás a ser un ente solitario, desdichado. Igualmente, si no piensas en quién eres, dónde quieres llegar o qué es lo que quieres, carecerás de autoconocimiento y creo que es de todo lo peor, lo más horrible.
Y ahí estás tú, ese elefante que deambula por una red, que lucha por estar en el medio del lado A y del B. En la esperanza de la vida, en la media de la muestra que representas frente a la sociedad. Quieres tener un trabajo o estar estudiando y a la vez que dé tiempo a estar con los tuyos, a pensar en ti. Sin embargo, el elefante está influenciado por un aire fuerte que hace que te muevas a un lado u otro, y en ese juego de vaivenes que es la vida te encuentras ahora mismo, inconscientemente, en una lucha desesperada para volver al medio.
Que difícil es sacar adelante tu carrera y a la vez tener vida social y estar equilibrada emocionalmente.
Que difícil es llevar a cabo un trabajo, cuidar a una familia y sin olvidarte de que antes que nada estás tú.
Los elefantes tienen una memoria increíble, recuerdan el camino que año tras año recorren para encontrar de nuevo ese pasto que les sustentará y les permitirá sobrevivir otro tiempo más.
Y siempre, a pesar del tiempo, de los peligros que les pueden acechar o de lo complicado que se lo podamos poner los humanos, consiguen encontrar el camino.
