Aprender a soltar y dejar ir de una vez las vivencias que nos atan y que no nos dejan llegar donde queremos es lo que queremos conseguir muchas de nosotras. Para conseguirlo la fórmula es: Cerrar el pasado y centrarnos en el presente. Pero como vemos, soltar y dejar ir, no es una ecuación matemática. Para cerrar el pasado y soltarlo necesitamos vivir ciertas experiencias.
Aprender a soltar
Cuando escuchamos: “no te quedes ahí, suéltalo” parece que tenemos que desprendernos de algo que nos hace daño y aún así, lo queremos conservar. Nos puede sonar también vómito: hemos comido algo que nos ha sentado mal y que necesitamos sacar fuera de nuestro cuerpo. Lo asociamos muchas veces a hacer un sacrificio en aras de obtener algo mejor. Pero no siempre es así.
Dejar ir puede ser un “gracias” por todo lo que hemos aprendido
Dejar ir puede ser un “gracias” por todo lo que hemos aprendido durante el tiempo que lo hemos vivido pero le decimos adiós porque ya estamos en otro momento y seguir obcecados en retenerlo corta nuestra libertad.
Imaginad, que porque lo hemos pasado muy bien gateando, somos incapaces de dejar de hacerlo cuando el andar da otro sentido a nuestra realidad.
Hacer algo implica dejar de hacer muchas cosas pero en la vida hay que elegir
Hacer algo implica dejar de hacer muchas cosas pero en la vida hay que elegir. Es inevitable.
Creamos dependencias con personas y cosas. Nos enganchamos también a nuestras creencias y pensamientos y no los dejamos ir… y en este caso son ellas las que gobiernan nuestra vida y no nosotros, los que gobernamos nuestras creencias y pensamientos. Nuestra atención está más centrada en lo que queremos evitar, que en lo que deseamos conseguir.
Como soltar
Primer punto:
Admitimos, tomamos conciencia, de que la separación nos causa dolor: Teníamos algo que luego no vamos a tener. Supone renunciar y nuestro “yo-miedoso” nos dice ¿“y si lo necesitas luego”?.
Segundo punto:
Deja de luchar por mantener una situación que se cae por si misma. Conlleva mucho desgaste.
Tercer punto:
Es bueno, si así lo decides, hacer un ritual. Escribir una carta y luego quemarla, romper y tirar un objeto al que le has dado cierto significado… No es magia, es que nuestro cerebro, tú, te necesitas ver haciendo algo concreto, materializando “eso” de lo que te quieres desprender. Es materializar un pensamiento, un deseo. Es verte «soltando lo que quieres soltar en el pensamiento»
Cuarto punto:
Confía en lo que ha de venir. Confía en ti. Cuando creas un vacío el vacío se llena, eso seguro. Y tú serás la que se encargue de llenarlo con tus nuevos objetivos.
Y quinto punto y para mí más importante:
Deja, suelta, la necesidad de soltar. No conviertas la necesidad de soltar en un hábito y lo tomes como rutina. No te “tortures” con el pensamiento continuado de… “tengo que soltar, realmente ¿lo habré soltado”? Suéltalo y olvídate. No lo traigas continuamente a tu presente.
Hay una historia oriental que ilustra muy bien este tema:
Dos monjes van a cruzar un río y se encuentran con una mujer que necesita su ayuda. Uno de los monjes la coge en sus brazos para que pueda cruzar el río.
El otro monje se queda atónito ante la acción de su compañero….. Cuando llegan al convento el segundo monje le dice a su compañero: tendré que informar a nuestros superiores de tu acción. ya sabes que has cometido una falta y….
El primer monje le pregunta: ¿qué falta?
Has cogido en brazos a una mujer, le responde
El monje primero, riendo, le contesta: yo la ayudé a que cruzase el río y la dejé en la otra orilla, pero tú todavía la llevas a cuestas.
Todos podemos tener una vida mejor.
Y aprender a liberarnos de las cadenas que nos mantienen atrapados nos ayuda a ello
Autor texto: Itziar