Y mientras te boicoteas, la vida pasa. Es así. Las oportunidades pasan. No son como esos trenes que daban vueltas por unos raíles, no importaba que no estuviésemos atentos, sabíamos que el tren volvería a pasar. Sabíamos el recorrido. No había dudas, podíamos distraernos, pasar. Pero la vida no es así, el tren de la vida es mucho más enrevesado y complejo. Diría que es como una vía infinita y con miles carriles distintos, donde el maquinista es un loco que no sabe a dónde dirige el tren.
Si una oportunidad llega a tu vida. Lucha por ella, porque no volverá, y si vuelve, habrás tenido mucha suerte.
Una pregunta que la gente se hace mucho es: ¿por qué boicoteo mi felicidad? Boicoteamos nuestra felicidad por esa palabra tan usada: miedo
Nos cuesta salir de nuestra zona de confort y estamos muy cómodos en lo conocido, acostumbrados a eso que conocemos, y cuando se nos presenta una situación que podría ser muy buena, simplemente nos da miedo. Miedo al cambio, miedo a no hacerlo bien. Esa es la razón de que te boicoteas a ti mismo.
¿Por qué boicoteo todas mis relaciones?
Esto mismo ocurre en el terreno amoroso, cuando boicoteamos nuestras relaciones.Lo más seguro es que tengas miedo a que te dejen ellos a ti, a sufrir, a pensar que no eres lo suficientemente buena, y prefieres dejarles tú primero. El puto miedo de nuevo. Ojalá eliminarlo fuese tan fácil como pulsar un botón.
La autoaceptación es lo que hace que haya cambios en nuestra vida. Eres como ere y punto. Acéptate y quiérete. Te mereces lo mejor, te mereces coger el tren, disfrutar, sufrir, pero sobre todo vivir. El sufrimiento es necesario porque nos hace más fuerte y nos ayuda a conocernos. Y es que las cosas no son como son, son como somos
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Estás en el medio de dos mundos. La universidad está apunto de acabar, pero todavía no has entrado de todo en la etapa adulta. Vuelves a casa por Navidad.
El sentimiento que te llena es el de estar como “ entre medio”. Te da la sensación de que tu vida ya está en otro sitio. Tu trabajo o estudios está en otra ciudad, y has hecho nuevos amigos que son como una familia postiza. Te has despedido de ellos con lágrimas en los ojos a pesar de que los verás en un par de semanas porque estarán a km de distancia. Y ellos se han convertido en ese punto de apoyo durante todos estos meses en los que has estado fuera.
Llegas con sentimientos encontrados. Te encuentras con que hay cosas que antes eran el día a día y ahora han cobrado un nuevo sentido. Dejaste en casa de tus padres tu pasado, tus recuerdos. Y al llegar nacen sentimientos que no sabías que existían hasta ahora..
La casa de tus padres está llena de pequeñas piezas de lo que eras y algunas de lo que sigues siendo. Los peluches que descansan en la cama tal y como lo dejaste recuerdan tu infancia y ese lado inmaduro que se quedó ahí cuando decidiste salir de tu zona de confort y enfrentarte sola a la vida. De hecho, la habitación está intacta, tal y como estaba el día que saliste de casa para enfrentarte a lo que sería tu nueva vida.
Observas las fotos que cuelgan de la pared, todos los momentos vividos. Te sorprendes dándote cuenta de lo pequeña que eras. Recuerdas lo que te importaba lo que la gente pensara de ti y todas las mentiras que le tenías que contar a tu madre para pode salir por la noche. Te das cuenta de lo que has madurado y de que ya no te importa lo que la gente piense de ti, porque sabes que hay cosas que son mucho más importantes.
En el salón también parece que todo sigue tal cual lo dejaste. Tu familia habla en la cocina mientras tú buscas y observas los pequeños detalles que indiquen que el tiempo ha pasado, que ha habido vida en estas cuatro paredes durante el tiempo que has estado fuera.
Notas que tu perro está un poco más mayor, y que le cuesta un poco andar. Entre risa y risa, notas que estás en casa, esa sensación de protección y cercanía, pero al mismo tiempo te sientes como un invitado que lo ve todo como en tercera persona.
Conduces por las mismas carreteras que siempre, esas mismas por las que pasaste durante tantos años. Antes conducías y andabas por esas zonas como en autopiloto, en cambio, ahora tienes que pensar por donde vas. Ya no es tan natural como antes solía serlo. Pasas cerca de tu colegio y te entra un sentimiento de nostalgia. Ves a los niños saliendo de clase y llegan a tu mente muchos recuerdos. Parece que todo es igual, pero todo es distinto. Es un periodo de tiempo que no vas a recuperar. Puedes ver que todo es familiar, pero nada será igual que cuando tenías 16 años. Tus amigos son personas distintas, y los miembros de tu familia también. Cada una de las personas que conociste cuando tenías 16 años son ahora gente distinta. Y no es una cosa mala. Simplemente las forma en la que eran las cosas a los 16 años son un recuerdo ahora. Y eso lo hace todavía mucho más especial.
Volver a casa es extraño porque es una forma de reconocer que las cosas no van a volver a ser iguales. No van a volver a ser tan inocentes como lo eran. Tampoco vas a sentir que tienes todo el tiempo del mundo por delante.
No es que seas muy mayor y ya no te quede tiempo. Pero has llegado al punto en el que te das cuenta de que si quieres algo tienes que ir a por ello. Tienes que dejar de lado el “ yo intentaré en algún momento” “quiero hacer eso cuando crezca” Es ahora cuando están ocurriendo las cosas e ir a casa solo hace que eso se acentúe.
Parece que da miedo. Quizás todavía no saber lo que quieres o lo que quieres hacer. Ir a casa te hace sentir raro, pero también te recuerda que debes seguir trabajando para ser esa persona que a los 16 años querias ser.
Me he dado cuenta de que tengo un problema. Llevo arrastrándolo un tiempo, pero nunca me había dado cuenta de que lo era realmente.
Me cuesta comprometerme con las cosas, da lo mismo lo que sea: amigos, trabajo, relaciones.
Hay una fuerza que tira de mi impidiéndome que termine de hacer lo que sea que estoy haciendo. Es como si me dijese que hay miles de cosas más interesantes que lo que me he propuesto hacer.
Una estupidez. Dejo cosas sin hacer por ver videos, ir a comprar un jersey que necesito a toda costa, ponerme a recoger cuando es lo último que normalmente hago o pintar dibujos en la pared del baño. Bueno, estoy exagerando.
El caso es que esta manía que es tan mía parece imposible de eliminar. No importa las listas que me haga, como me organice, o lo que me jure y perjure hacer. Al final acabo siempre a última hora haciendo eso que debería haber hecho hace tiempo, y lo acabo de forma rápida y mal.
No es que no lo haga. Lo hago. Me sale bien, pero quizás no lo bien que debería si lo hubiese hecho con tiempo.
No importa que sea la tarea más insignificante y sencilla. Si tengo que hacerlo, seguro que lo dejaré para el final. Siempre habrá algo más importante y que me llame más la atención que lo que tengo que dejar listo sí o sí.
Me acuerdo en mi época de exámenes. Era extremo. Sé que todo el mundo soltaba la típica frase de: “No, yo todavía no me he puesto a estudiar” pero al menos sabía que habían empezado a mirar alguna cosa.
Yo, literalmente, me ponía a estudiar la noche de antes, y tenía que dejarme siempre una última parte para estudiármelo en el último momento. En esos 5 minutos antes de que entrase el profesor. A tope. No era capaz de llegar a clase con todo el temario aprendido. Siempre tenía que haber algo que no había estudiado.
Ojalá esto sólo hubiese pasado en exámenes y cosas académicas. Pero no, mi falta de compromiso es con todo y con todos. Un horror.
No puedo comprometerme. Todo debe ser a última hora. Confirmar una cita: en el último momento. Llamar a una amiga: en el último momento. Decir si llegaré para comer: en el último momento.
Todas mis relaciones han fracasado, y creo sinceramente que la raíz del problema es este. No me comprometo en la relación, lo cual no quiere decir que sea infiel, ni mucho menos. Quiero decir que no doy lo mejor de mi, que no me esfuerzo lo suficiente.
Y ya no es por ellos. (Sí, desde aquí os pido perdón por mi falta de compromiso) es por mí. Es algo que debo cambiar, pero ¿cómo? y ¿por qué?
Vamos a ver aquí esos 5 consejos que he puesto en práctica y que me han ayudado a dejar de dejar las cosas para el último momento y comprometerme con lo que hago:
No pienses que vas a empezar a hacer algo, comprométete
Hacer las cosas a la mitad seguramente te lleve a que no las hagas bien. Pensar que no es tan importante, lo que hace en tu cerebro es que no te esfuerces y organices todo lo que deberías.
Cuando quieres que algo vaya bien, tienes que darlo todo de ti. ¿Por qué? Porque si no pones todo lo que tienes en que salga bien, no vas a dar todo lo que deberías.
No se pueden trabajar en miles de cosas al mismo tiempo y esperar que todo te vaya bien. Enfocate en hacer una cosa y que esa te salga bien. Después podrás pasar a la segunda a la tercera, y cada vez veras como tienes menos problemas comprometiéndote a terminar lo que quieres.
Piensa que si tú no lo haces, otro lo hará
No dejes que la pereza del momento haga que dejes oportunidades pasar. Las cosas que quieres no siempre van a estar ahí, y siempre habrá otra persona que sabe hacer lo que tú haces y que lo hará por ti, si tú no das de ti todo lo que deberías.
No dejes de intentarlo
Desanimarse es cuanto menos, humano. Es normal, y te va a pasar. Después de un largo día de trabajo, después de haberlo dado todo con esa persona que te importa, después de esforzarte y ver que las cosas no sales exactamente como quieres. Pero es así, lo importante es no dejar de intentarlo.
Rendirse es algo que no tenemos que hacer, si lo que queremos es algo realmente importante para nosotros.
Haz razones por las que la gente dejad e intentarlo, sobre todo son:
- Perfeccionismo ( cómo no ser tan perfeccionista)
- No saber lo que quieren
- Adelantarse a lo que va a ocurrir, pensando que van a fracasar
No pienses tanto
Cuando te comprometes con algo, la mente realmente se enfoca en hacer lo que quieres. El foco que tienes en frente es lo que quieres hacer. No te sabotes pensando que lo harás en otro momento, o que no eres lo suficientemente buena. Hazlo.
Algo que sea muy importante para ti
La mayoría de las ocasiones somos capaces de comprometernos con lo que hacemos y hacer los pasos mencionados arriba, si creemos mucho en lo que estamos haciendo. Eso quiere decir que tiene que ser algo importante, algo de tenga un valor.
Si solo lo quieres hacer por otra persona o las razones no son las adecuadas, en el momento en el que te de pereza, o las cosas se tuerzan, no vas a tener la suficiente fuerza interior para seguir con ello.
Por eso, piensa qué es lo que de verdad quieres y por qué. Quizás hay cosas que a simple vista no parece que te van a llevar a donde quieres. Pero hay veces que hay que hacer pequeños pasos y que para estar en el nivel 7, hay que pasar antes por el 2. Y que quizás lo que haces en el 2 no te gusta demasiado, pero solo si mantienes la ilusión de llegar al 7, vas a conseguir subir escalón a escalón.
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