Mucho se habla de la inteligencia emocional. Recordar y poner en práctica estos principios básicos que nos son conocidos, mejora nuestra inteligencia emocional:
Regula tus emociones negativas
Un aspecto importante es la capacidad que tienes para regular tus emociones negativas, de forma que no te hundan y afecte la forma en la que actuamos. La forma de cambiar esto es relativizar la situación y pensar que lo externo no puede afectarte, que solo tu puedes decidir como actúas frente a situaciones externas. No te tomes las cosas de forma personal. Evalúa las distintas opciones que pueden haber ocurrido sobre algo.
¿Tu novio no responde tus llamadas? No te quedes colgada del pensamiento: me está engañando. Considera otras opciones.
¿Tu novio no responde tus llamadas? Trata de que el primer pensamiento no sea que te está engañando que está dejando de quererte. Quizás no tiene batería, está muy ocupado o se ha dejado el móvil en el trabajo. El objetivo es no ocupar nuestra mente con un pensamiento que nos robe toda la energía, cuando ni tan siquiera sabemos lo que ha pasado. No te adelantes a los hechos.
Aprende a manejar el estrés
Todos en un momento u otro pasamos por momentos estresantes en nuestra vida. El estrés es bueno y nos ayuda a movilizarnos y ponernos en marcha.
Si el estrés está haciendo que no puedas ponerte a hacer nada de lo que deberías, respira hondo
Si el estrés está haciendo que no puedas ponerte a hacer nada de lo que deberías, respira hondo. La respiración es muy importante cuando estamos ante una situación de estrés. También puedes practicar mindfullnes. Hacer algo de ejercicio también es una buena alternativa. Aprende a expresar emociones difíciles negativas. Para sentirte bien, necesitas fijar unos límites, que la gente sepa dónde estás y no los pise. Si los sobrepasan, sentirás que no te valoran y eso fastidia. En el fondo, no te sienta mal que la otra persona no te valore, lo que te sienta mal es que no te valoras lo suficiente para hablar claramente de lo que te gusta y de lo que no.
La habilidad de salir adelante a pesar de la adversidad
Aunque nos digan que sí, la vida no es fácil. La vida nos pone a prueba continuamente. La cosa es cómo nosotros nos enfrentamos a esos problemas. Tu tienes la capacidad de decidir como afrontas lo que te ocurre. ¿Ves el lado positivo? ¿Te frustras? ¿Buscas alternativas? Cada vez que te encuentres en una situación de la que te cuesta salir, pregúntate: ¿qué estoy aprendiendo?
Nunca sabes lo fuerte que eres, hasta que ser fuerte es la única opción que te queda.
Bob Marley
Nuestro miedo aparta los deseos que valoramos como “es una locura”. Pero, ¿a que tenemos miedo? Si lo pensamos detenidamente no tenemos miedo a emprender una acción nueva, lo que nos detiene ante la acción es pensar en el fracaso. Pero el fracaso está en nuestra mente, es una ilusión. No pienso que exista la derrota total, como tampoco existe el éxito absoluto. Movernos en estos pensamientos totalitarios es lo que nos impide comenzar cosas que deseamos y que dejamos en “el cajón de ya lo haré”. Lo que sí existen son retos en el camino con los cuales debemos de lidiar.
Sentir miedo es bueno
Si el miedo está en nuestra cabeza, es «paja mental»
Nos presentan el miedo como algo negativo, pero no es así. El miedo es un sentimiento natural, lo compartimos con todos los seres vivos y está ahí desde siglos para alertarnos. Es un sentimiento que se activa para decirnos que tenemos que ser conscientes de los recursos que tenemos que actualizar para llevar a buena meta nuestros deseos, pero no para paralizarlos.
El miedo lo sentimos en el cuerpo, es una sensación pero si el miedo está en nuestra cabeza, son los pensamientos limitantes que nos impiden la acción, eso no es miedo: eso es “comedura de coco”, dicho de forma coloquial. Son pensamientos que no nos dejan comenzar nuestro vuelo.
Pensamientos que se nos presentan como miedo
Ver sólo lo negativo que nos puede ocurrir cuando queremos realizar nuestro sueño: “Seguro que se ríen de mi”, “terminaré arruinado”,…
Utilizar adjetivos exagerados cuando pensamos en nuestro deseo: “es una locura”, “en el fondo es una mierda”, “es para ricos”
Generalizar: “A nadie le ha salido bien”, “nadie lo consigue”, “solo pasa en el cine”…
Utilizar este tipo de pensamientos entra dentro del sabotaje: nos impedimos a nosotros mismos comenzar una acción que deseamos. Nos negamos la experiencia y poner en marcha nuestros recursos como personas inteligentes que somos.
Apartar el miedo
El miedo emoción que generamos para no salir de nuestra zona de confort
El miedo, nos lo creamos o no, es la emoción que generamos, porque nos cuesta salir de nuestra “zona de confort”. Es un sentimiento que justifica nuestra pereza a dejar lo conocido porque lo conocido, aunque no nos satisfaga del todo, nos ha permitido llegar a donde estamos. Y ya conocemos el refrán… «más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer» Seguro que es uno de los refranes que más limitaciones han generado y que menos han seguido las personas con ilusión y capaces de emprender.
Comprender el miedo
Cuando analizas tu miedo, comprendes tu miedo y ya puedes salir de él. El miedo deja de pertenecer al mundo de lo irracional. Y por lo tanto puedes encontrar soluciones adaptadas a la situación nueva que quieres vivir.
Imagina que nunca has hecho una tarta, pero quieres hacer una porque a tu pareja le gusta el dulce y alaba como repostera a su hermana:
Si comienzas por:
Cuando se la dé, se reirá de mí. Mejor comprarla en la tienda.
Seguro que me sale mal, no la he hecho nunca. Mejor la compro en la tienda.
La comparará con la de su hermana y seguro que ella sale ganando. La compraré en la tienda.
Quiero hacer la mejor tarta del mundo, soy muy buena repostera. Pero hoy la compraré en la tienda.
El miedo, disfrazado de pensamiento está ahí. Y la comodidad también… Seguro que no te ha ido mal comprando las tartas en la tienda. Pero tú deseas hacer la tarta, o hasta deseas competir con su hermana, igual te gusta la repostería…
Responsabilizarte de tus deseos, nos conduce a nuestra libertad para actuar.
El éxito solo se encuentra antes que el trabajo, en el diccionario
El miedo hay que ponerlo en su lugar
Ponemos al miedo en su lugar cuando expresamos claramente nuestro deseo y encontramos los pasos que nos llevan a realizarlo. Buscar el éxito de un proyecto sin tener en cuenta el como lo vamos a lograr, es vivir una quimera. El éxito solo se encuentra antes que el trabajo, en el diccionario.
Cuando ponemos el miedo en su lugar, es el momento de revisar nuestras renuncias, de actualizar nuestros antiguos anhelos. De dirigir nuestra vida, conforme a nuestros deseos.
A nada en la vida se debe temer. Solo tenemos que comprender
Marie Curie
Significado de la inteligencia emocional
La inteligencia emocional es el conjunto de habilidades que tenemos para lidiar con nuestros sentimientos. Se entiende que una persona con una buena inteligencia emocional sabe gestionar sus emociones. No se deja llevar por ellas…, las conduce -como si de un coche se tratase- para que no irrumpan en su vida, desbaratando la consecución de sus objetivos.
Una persona con una buena inteligencia emocional sabe gestionar sus emociones
Fue, Daniel Goleman -psicólogo estadounidense- fue quien en 1995 popularizó con su libro “Emotional Intelligence” este término. Y las empresas, a través de su departamento de RRHH, lo empezó a tener muy en cuenta, a la hora de contratar a un candidato. ¿De qué les sirve un empleado, con un buen o muy buen curriculum, si pierde «los estribos» al tener que solicitar una tarea a un subordinado? De poco o de nada, sólo provocará situaciones que generen estrés. De ahí la importancia de la inteligencia emocional.
¿Tenemos todos inteligencia emocional?
La inteligencia emocional está en nuestro cerebro
Sí, todos la poseemos, pero no todos somos capaces de utilizarla con igual destreza. La inteligencia emocional está en nuestro cerebro. Es la combinación de los impulsos más primarios, (los registros más antiguos de memoria que poseemos) y que nos han ayudado a sobrevivir en este plantea: ¿quién no ha sentido miedo?; con nuestros aprendizajes racionales: «puedo cruzar la calle, el semáforo está en verde. Los coches que veo, no me atropellarán»
Como utilizamos la inteligencia emocional
Sentir miedo es humano y animal al mismo tiempo. El animal tiene dos respuestas: huir o atacar. Y está bien. ¿Pero el hombre dispone sólo de estas dos opciones? NO. El hombre cuenta con la razón, y aquí es donde entra la inteligencia emocional. Este concepto nos propone que eduquemos a nuestro cerebro para que nos envíe informaciones válidas para el momento que vivimos.
Vivir el momento presente, no significa, caer sobre el otro con todo el arsenal de nuestra personalidad
Muchas veces pensamos, que vivir el presente es permitirnos mostrar de forma impulsiva lo que pensamos o sentimos. La inteligencia emocional no va por ese camino. La inteligencia emocional nos alerta de que en nuestro mundo contemporáneo debemos prestar atención a la combinación de sentimiento y razón.
Vivir el momento presente, no significa, caer sobre el otro con todo el arsenal de nuestra personalidad. Vivir el momento es actuar desde ti, y actuar desde ti, puede implicar considerar que no es el momento idóneo para exteriorizar lo que te hierve por dentro.
¿Utilizar la inteligencia emocional nos lleva a reprimir nuestros sentimientos?
Nuestros sentimientos están ahí para alertarnos
No. Nuestros sentimientos están ahí para alertarnos. Pero no siempre nuestros sentimientos están actualizados. Podemos vivir una situación que nos dispare un sentimiento antiguo. Un sentimiento que nuestra memoria guarda y del que casi no somos conscientes y… ¡Plas..!, entra en acción, sin control, y toma el mando sin considerar si es oportuno o no, en la situación presente que vivimos.
¿Tenemos que dejar de expresar lo que sentimos?
Elegimos el momento y la forma de expresarlos
No. Pero sí podemos elegir el momento y la forma de expresarlos. Además, la mayoría de las veces si no lo alimentamos, ese sentimiento negativo pierde fuerza y al cabo de un rato nos preguntamos: ¿que me hizo enfadar tanto? Para no alimentar un sentimiento que nos hace daño, es bueno distraerse con otra cosa: ver una “peli”, dar un paseo, vamos… ¡poner a funcionar nuestra mente con otra actividad!.
Áreas de la vida en donde aplicar la inteligencia emocional
La Pareja: Convivir con una persona, nos pone a prueba todos los días. Utilizar la inteligencia emocional nos ayuda a evitar fracasos. Expresar nuestros sentimientos buscando un buen momento o hablar de un tema pendiente, cuando lo veamos oportuno “es tener en cuenta al otro” y de eso se trata, porque cuando no vivimos solos “el otro” forma parte de “mi yo”
Los hijos, las amistades… Vivimos en comunidad… y no ser “una trompa de pensamientos y sentimientos”, es sentir consideración por uno mismo y por el otro.
Manejar los enfados, es saber amar
El trabajo: las empresas, valoran tanto la inteligencia emocional como el currículum académico. Ser dueños de una personalidad, que realce nuestros logros de estudiantes, seguro que nos lleva a vivir de una forma más positiva nuestro trabajo.
Conclusión
Esta visión de cómo exteriorizar nuestros sentimientos y pensamientos no es nueva, Aristóteles ya la expresó de la siguiente forma
Enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto.
En definitiva, saber enfadarnos o saber amar, una labor de toda una vida… pero, pasito a pasito se recorre el camino.
¿Qué es un problema?
Todos nos asustamos en el momento que oímos la palabra problema. Ya desde niños se nos ponía el ceño fruncido cuando el profesor de “mates” nos decía: “Hoy problemas”. Asociamos esta palabra a algo difícil o muy difícil, y nada más lejos de la realidad. El problema siempre tiene solución, si no: no es un problema. Lo importante no son los problemas, lo importante es como te relacionas tú con la situación y convertirlo en un aprendizaje
Actitudes ante el problema
A veces la primera actitud que tenemos cuando nos enfrentamos a un problema es huir de el.
Vivir la solución encontrada, es estar dispuesto la mayoría de las veces, a aprender cosas nuevas.
Una actitud de miedo, te lleva a una retirada precipitada, o, a un bloqueo o paralización. Negar el problema no forma parte de la solución.
Una actitud vanidosa, consiste en que solucionas el problema pero siempre piensas que podías haberlo hecho mejor.
Una actitud orgullosa, en ella “te dejas la piel” antes de reconocer y aceptar la ayuda de otro.
Otra actitud es VIVIR los problemas como aprendizajes, es la lleve que nos abre a las soluciones. No hay problemas, como ya dijimos, y vivir la solución encontrada, es estar dispuesto la mayoría de las veces, a aprender cosas nuevas. Es entrar en un recinto nuevo.
Estrategias para encontrar soluciones
Condición importante para encontrar soluciones es estar abiertos. Un problema puede tener varias soluciones y aferrarse sólo a una, puede ser lo menos inteligente. Es importante ver los matices dentro de la solución que hemos elegido porque, esos matices que conlleva la solución, pueden volverse un problema adicional más adelante.
Otra condición, es que seamos capaces de distanciarnos del problema. Verlo con perspectiva, nos ayuda a no involucrarnos emocionalmente más de lo necesario.
Para esta estrategia nos puede servir:
Plantear el problema y sus soluciones por escrito. Plantear bien el problema, es más importante que la solución (¡¡Ya lo dijo Einstein!!!!), porque soluciones puede haber varias y todas útiles
Relativizar el problema. Nada es tan grande como nos puede parecer en un principio. La vida no nos pone delante de un problema que no tiene solución.
Viajar, separarnos físicamente de la situación problemática es bueno si ésta nos absorbe demasiado.
No digo: «es que…», digo «podría»
Cambiar su formulación. Si, has leído bien. Solemos empezar a hablar de un problema con la expresión “es que…” e igual te interesa saber que si cambias estas palabras por “podría”, la solución que te llega puede ser más real y menos teórica. Piensa que vas a una fiesta. Problema: como me visto. Si comienzas con: “Es que no sé que ponerme”, “es que no tengo nada…” ir a la fiesta se te convierte en una montaña a escalar PERO si te dices: Para ir a la fiesta: “podría comprarme algo nuevo”, “podría ponerme el vestido rojo, no me he puesto hace bastante”… Parece mentira, pero dentro de la formulación ya tienes una respuesta proactiva y el problema ya lo vemos con respuestas viables.
Tomar conciencia de que el problema no te toca a ti solucionarlo. Es decir, sabes del problema, lo ves, pero también sabes que la solución está en las manos de otro. Obcecarte a solucionarlo tú, solo te puede trae “dolores de cabeza” y no la solución.
Y la última estrategia es: no hacer nada. Todos hemos dejado en algún momento los problemas descansando y nuestra mente parece ausente.
Decisión y Acción: Fundamenta
No hay solución a un problema si no tomamos una decisión y la llevamos a la práctica
Decisión y acción van de la mano. No hay solución a un problema si no tomamos una decisión y la llevamos a la práctica. Y aquí entra el aprendizaje. La solución trae implícitas nuevas estrategia de acción. Tenemos que traspasar alguna puerta que no hemos abierto antes y entrar en un nuevo territorio desconocido para nosotros y hay que ajustar las leyes nuevas de ese “espacio” a nuestra experiencia. Ese “ajuste” es precisamente el tiempo de aprendizaje y crecimiento, que toda nueva situación resuelta nos proporciona.
Hay veces que nos puede resultar incordiante, porque nos llama a dejar maneras de pensar y actuar que nos resultan conocidas, y que nos han resultado bien antes pero para este problema no sirven y, hay que dejarlas atrás.
Solucionar nuestros problemas, día a día, es lo que nos permite vivir en el aquí y ahora y disfrutar de la vida.
¿Por qué no puedo parar de comer?
Hay muchas razones por las que no podemos parar de comer. Vamos a ver algunas de las razones más comunes para que esto ocurra.
La comida es un placer
¿A que muchas veces tenemos la sensación de no poder parar de comer un alimento? Eso es así porque el sabor nos es muy agradable. Y queremos seguir repitiendo ese placer que paladear el alimento nos proporciona, como por ejemplo el chocolate. A las personas que les gusta, igual, siempre tienen espacio para poder degustar una onza más o comer ese bombón que… ¿por qué se va a quedar en la caja?. El carácter de estas personas suele ser “guloso”, se resisten mal a lo que consideran que les proporciona placer y comer es un placer,
La comida no te sacia
Un segundo motivo es que hay alimentos, que como tal, no sacian. No nos proporcionan la sensación de estar llenos, pongamos por caso las pipas de girasol. Y por lo tanto no vemos, el motivo ni el momento, de dejar de comerlos y cuando nos damos cuenta tenemos dos platos llenos de cáscaras y nos decimos: no es posible que me haya pasado la tarde comiendo.
Sientes que te has vuelto adicto
Un motivo importante, y de este se encargan las industrias alimenticias, de agregar aditivos de sabor a los productos que consumimos. Estoy hablando sobre todo de los snacks, bolsitas que abrimos para compartir con unos amigos o mientras vemos un programa o leemos un libro y cuando terminamos una vamos al armario a ver si quedan más y ni nos damos cuenta que ya nos hemos «zampado» una.
Comes mucho por ansiedad
En nuestras sociedades ya no comemos sólo cuando tenemos hambre. Por lo tanto el acto de comer, se ha convertido en muchos de nosotros, en una rutina para llenar ratos de aburrimiento en vez de ser un comportamiento para quitar el hambre y nutrir nuestro organismo. Es decir, llenamos ratos de aburrimiento con comida.
En nuestras sociedades ya no comemos sólo cuando tenemos hambre
Comes por hábitos culturales
También tenemos que considerar los hábitos culturales en nuestra crianza. Es corriente que se asocie niños sanos a niños gorditos. Es corriente también que a los niños se les pida “cómetelo todo”, que no dejen nada en el plato y además, los mayores lo racionalizan, apoyándose en que hay hambre en el mundo. ¡Vaya!, que te culpabilizan del hambre ajeno, cuando por cualquier motivo no te quisiste terminar el plato que tenías delante.
Somos víctimas de nuestras emociones. Cubrimos los sentimientos negativos que tenemos con comida
Y luego está la siguiente razón, y es lo que más nos suele preocupar, el comer emocional. Somos víctimas de nuestras emociones. Cubrimos los sentimientos negativos que tenemos con comida. Nos disgustamos con algo… y a la nevera; nos dan una alegría y un buen chocolate con churros, mientras lo contamos, es ideal y si son tres churros en vez de uno: Genial.
Comes porque odias tu cuerpo
Y finalmente y más serio es cuando “odiamos nuestro cuerpo”, no lo queremos y de alguna forma hacemos por “verlo feo” y mediante “atiborrarnos” de comida, ya sabemos, que comer en demasía y en todo momento, contribuye a engordar y vernos gordos… no nos gusta y ya tenemos una razón más para “odiar más a nuestro cuerpo” y nuestro cuerpo se queja del sobrepeso, con diversas molestias adicionales, que nos hacen sentir peor y quererlo menos. En la mente de todos está: es un círculo vicioso, y ¡claro, lo es!.
¿Cómo dejar de comer compulsivamente?
Salir de este círculo conlleva observarse a sí mismo y conocerse. No disfrazar la verdad, que ya se sabe, con pretextos como: carezco de fuerza de voluntad, siempre me ha gustado comer, a los hombres les gusta “palpar”, las mujeres nos prefieren “fuertes”, no tengo por qué seguir la moda. Hago lo que me gusta.
Para salir de este círculo vicioso, se necesita disciplina
Y para salir de este círculo vicioso, se necesita disciplina. Esta palabra está muy demeritada en nuestra sociedad pero la disciplina es necesaria para terminar con cualquier círculo vicioso, incluida la comida. Ponernos metas que cumplamos a rajatabla es prioritario y esencial para dejar de comer compulsivamente.
Primero, tenemos que realmente querer, querer dejar de comer de la forma en que lo estamos haciendo y luego y cumplir los objetivos que nos hemos autoimpuesto. Objetivos reales y prácticos. Por ejemplo ir sin dinero y así evitar la compra de productos que se antojan en el momento. No meter en el carrito de la compra productos que no necesitemos y con esto y otros recursos seguro que terminamos con nuestra sensación de no poder parar de comer.
Supongo que a vosotros también os ha pasado, el debatirse entre dos personas.
La primera persona es, sin duda, el amor de tu vida. Eso no es discutible, admítelo ya. Porque nunca se va, porque nunca haces realmente nada para que se vaya. Porque siempre dejas la puerta abierta, porque se te para el corazón cuando parece que va a cogerla para irse. Y sujetas ese fino hilo, ese hilo que os permite jugar el uno con el otro, tirar y aflojar, y que no se rompe.
Y sujetas ese fino hilo, ese hilo que os permite jugar el uno con el otro, tirar y aflojar, y que no se rompe
Esa persona está en tu café por las mañanas, en la fría estación del tren y en el hastío de esperarlo, entre tus apuntes, en cada mordisco de tu comida, en tus mejores sueños y peores pesadillas. Su fantasma te persigue y ya no recuerdas tu vida sin esa compañía constante. Ese amor es el que te produce un nudo en la garganta, te revuelve el estómago y te cambia los colores de la cara, el que te hace sudar y, a la vez, tener escalofríos por el frío. Es el que te cruzas por la calle y te hace casi expulsar el corazón por la boca, tartamudear un tímido “hasta luego” y recrearte en ese breve encuentro durante semanas. Ese amor es el que imaginas a tu lado en las noches frías, para que lo sean menos.
Es tu alma gemela, tu media naranja, tu destino.
Ese amor es el punto de partida: todo va a ser comparable a él. Es tu alma gemela, tu media naranja, tu destino. Pero todo es injustamente complicado y nunca podréis estar juntos aunque tampoco separados. Vuestra historia fue tan real como tóxica, vuestro futuro estaría construido sobre unas bases tan quebradas, que se desmoronaría tan rápido como se construyese. Habéis destrozado tanto lo que un día fue, que no podéis acercaros a sus cenizas sin quemaros. Aunque lo hayas intentado tantas veces que tengas cicatrices de cada vez que las intentaste recuperar.
Vuestra historia fue tan real como tóxica
Afortunada o desafortunadamente, aparece la segunda persona. Esa persona que te ha visto rota, ha recogido tus pedazos, los ha reparado con delicadeza y te ama tanto a tí como a la versión rota que se encontró. Esa persona que te hace sentir segura solo con estar a tu lado. Que tiene una sonrisa magnética, unos ojos sinceros, unas manos sanadoras. Tu madre lo adora, tus hermanos lo imitan y tus amigas le sonríen, muriéndose por dentro de la rabia de no ser tú. Y tú… Tú te conformas. Porque es lo que hay que hacer. Porque es lo que te pide el mundo, lo que te pide la vida. La vida te pide calma: llevas años en medio de la calle en plena tormenta, sin zapatos y corriendo con el viento de cara.
La vida te pide calma: llevas años en medio de la calle en plena tormenta, sin zapatos y corriendo con el viento de cara.
Necesitas que te cojan de la mano, te lleven a un sitio seguro y te arropen. Te conformas, por tí, por él, por toda esa gente. Por la gente que te quiere y te ha visto llorar. Porque te han visto perdonar lo imperdonable, y quererte cada día un poco menos. Por lo felices que son de verte por fin con alguien que te merece. Pero, ¿La verdad? Tu estómago no se agita a su lado, tu garganta no se anuda, tus noches son, simplemente, templadas. No tartamudeas ni una sola vez. Hace meses que no te recorre un escalofrío de esos que hacen sentir viva. Pero es lo correcto, lo bueno, lo que toca, lo que debes, lo que hay. Así es la vida. A veces, no se trata de ganar o perder. Solo puedes arriesgar más, o arriesgar menos. Pero siempre se pierde.
Apuesto a que os ha pasado a todos, a que todos tenéis ahora mismo a dos personas en mente. Yo las tengo y, esta noche, mientras que cerrando los ojos, me deje caer entre los brazos de una, voy a pensar en la otra para así sentir calor.
Escrito por @burningmetaphors
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A veces nos sentimos solos y tenemos la necesidad de retirarnos, de estar solos. No es malo, en muchas ocasiones puede ser hasta bueno.
Esto ocurre cuando miramos a nuestro alrededor y sentimos que nadie nos comprende, nos sentimos solos incluso estando rodeados de gente. En esos casos, lo mejor es que no te juzgues, no trates de decir que está mal o que eres rara solo por el simple hecho de que no te apetezca estar con otra gente. Escucha tu propia voz, tus propios pensamientos. Recuerda que no tienes por qué hacer tal o cual cosa, no tienes porque seguir un estilo determinado, llenar un estilo de vida marcado, tener la misma opinión que el resto, o pensar respecto a distintos temas de la misma forma.
Escucha tu voz y recuerda quien eres, quizás quieres estar sola, porque te has perdido, porque has seguido a la gente en vez de seguir tu propio camino, y eso hace que te sientas sola. Recarga tu energía, reorganiza tus pensamientos y prioridades. Date un tiempo. Tómate todo el tiempo que necesites para pensar en ti. Es el momento de darte lo que necesitas, de estar contigo misma antes de volver al bullicio de la gente. No esperes hasta que sea muy tarde, y sientas que te has perdido por completo.
Cuando sentimos que no encajamos, es porque somos distintos, tenemos nuestras propias ideas y pensamientos y nos da miedo que eso cree rechazo con el resto de personas. Por eso, en muchas ocasiones creemos que lo que tenemos que hacer es seguir la corriente al resto, dejar de ser como somos, para convertirnos en una versión parecida de los demás.
Que te sientas de esta forma quiere decir que estás creciendo, madurando, que estás intentando ser una versión mejor de ti.
Somos nuestros peores enemigos
Nuestra mente nos juega muy malas pasadas, parece que va a su puta bola y hace lo que le da la gana. Piensa en cosas, que más bien que ayudarnos, lo único que hace es perjudicarnos. Queremos saber cosas que sería mejor no saber.
A veces indagamos muy a fondo para saber algo que sabemos que en el fondo nos va a hacer daño . ¿Por qué lo hacemos? ¿Por qué a veces parece que vamos persiguiendo el dolor y el sentirnos mal?
Deja de seguir a gente en instagram que te hace mal, deja la envidia de un lado. No mires el perfil de tu ex cada dos por tres cruzando los dedos para no verle con otra chica. Todos los días avanzamos, vamos un paso hacia delante en este camino llamado vida. No te quedes mirando atrás y con rencores y envidias que te frenan para conseguir tus metas y ser la persona que quieres ser. No te compares con otro, no fomentes el mermar tu autoestima. Darle validez a comentarios de los que deberíamos pasar, nos hace un flaco favor.
Empieza a controlar tu mente y como quieres vivir. Pon el foco de tu vida en ti en vez de ponerlo en los demás. Deja atrás a esa gente que ya no está en tu vida, piensa que si salieron de ella fue por una razón. Disfruta de la gente que ha entrado a tu vida y ocúpate de crear lazos que importen y crear memorias, aventuras y momentos inolvidables con ellos. Hazles espacio en tu corazón y en tu cabeza. No dejes que dos o tres personas que te hicieron daño en el pasado controlen tu vida y tus acciones. Esa necesidad constante por saber cómo les va, está bloqueando todo el potencial que tienes ahora para crear tu nueva vida.
Deja de sabotear tu felicidad, eres la dueña de lo que haces y lo que piensas. Eres la única que decide cambiar las cosas para que sean mejor.
Esas pequeñas manías que todos queremos cambiar. Que si conseguir ir al gimnasio al menos 3 veces a la semana, que si dejar de comer bollería industrial, leer más. Conseguir que nos comprometemos con algo y o hacemos hasta el final. ¿Por qué a veces nos cuesta comprometernos a hacer las cosas?
Cuando sale este tema en una conversación, siempre sale el listillo o listilla de turno con el típico «habito de los 21 días» es decir, si durante 21 días haces el hiper esfuerzo de hacer algo, tu cuerpo y mente se acostumbrará y tras transcurrir estos días, serás capaz de hacerlo casi sin esfuerzo. Es como si tu cuerpo te lo pidiese, porque le has creado un hábito o costumbre.
No sería genial, que tras 21 días de comer verduras diariamente y no un gramo de chocolate, tu mente, así, como por arte de magia aborreciese el chocolate y le chiflasen las verduras.
¿Pero, el hábito de los 21 días, es mito o realidad?
Según muchos coachs y entendidos en la materia, es una realidad.
La aplicación de la conciencia, en cualquier forma, a través de cosas tales como la determinación, la disciplina, las buenas intenciones y la atención, tiene el poder de crear el cambio – Chopra.
La verdad es que, necesitarás, al menos 21 días para acostumbrarte a una nueva actividad. Esto es así, porque, cuando hacemos algo durante un periodo, el cerebro envía un mensaje que asocia con satisfacción. Es como se crea una automatización, y no cuesta tanto hacerlo.
A lo largo de la vida todos vamos maduramos. No importa si tienes 20, 30 0 40 años. Todos vamos pasamos por experiencias que nos hacen crecer, aprender y ver la vida desde un prisma distinto.
Viajar nos abre la mente, leer nos lleva a sentir otras cosas y pensar de forma distinta. Las relaciones de pareja nos cambian, nos hacen enfrentarnos a nuestros miedos y en muchas ocasiones a nuestros demonios internos.
¿Quieres madurar como persona?
Para madurar como persona lo primero que tienes que hacer es no tener miedo a salir de tu zona de confort. De hecho, salir de la zona de confort es la única forma en la que vas a poder cambiar. Si no, lo que te va a pasar, es que siempre te vas a quedar en el mismo lugar, pensando de la misma forma. Las experiencias nos hacen enfrentarnos a la vida de forma distinta. Aprendemos sobre nosotros mismos, porque de forma indirecta nos estamos poniendo a prueba. Estamos viendo como actuaríamos ante cosas desconocidas, sobre las que no tenemos el control.
No puedes decir pues yo habría hecho tal o cual.. es el ser humano es complejo y ninguno sabemos como actuaríamos ante ciertas cosas. Somos imprevisibles.
Cuáles son las características de una persona emocionalmente madura?
Estas actividades son hacen madurar. Enfrentarnos a nuestros sentimientos y aprender a dominarlos de forma racional sin dejarnos llevar por el momento.
Las personas que son emocionalmente maduras saben como reaccionar cuando algo se pone feo. Se ponen a pensar y guiándose por su cabeza, pero también por su corazón, toman la decisión más acertada.
Las personas emocionalmente maduras no son impulsivas. No van a soltarte una bordería en cuanto haya algo que no les gusta, no se van a comportar como si fueses niños enfadados. Las personas emocionalmente maduras sabrán como sobreponerse a cada situación.
Cosas a tener en cuenta si quieres madurar como persona
Saber decir adiós
La vida va cambiando, no te quedes anclado en el pasado. Aprende a dejar ir las cosas cuando toca. Madurar es saber poner límites y ser conscientes de que los cambios son buenos
Dejar de quejarte
Quejarse es muy fácil y no asumir nuestros errores también. Una característica de una persona madura es aceptar las cosas tal y como vienen sin quejarse. Esto no quiere decir que no luches al máximo por lo que quieres, pero siempre con una actitud de responsabilidad sobre lo que ocurre.
¡Está bien cometer errores!
Cometer errores está bien, y aceptar que los cometemos también