Las manillas del reloj
Acabas de marcharte y ya te busco, tengo en mi cuello tus besos sellados como una carta de amor de esas que te elevan al cielo y que te acogen para que no caigas. Me tienes en una constante sintonía, en París o en Venecia, donde sea.
Te marchas y ya cuento los segundos que faltan para que vuelvas a subir en el ascensor que tanto odio y me rocíes de caricias con tanta delicadeza que reventaríamos el mismo paraíso para convertir el nuestro. Todavía huelo tu perfume, el que es culpable de que mis sábanas hace tiempo se hayan convertido en tu cómplice.
Tú, que me haces bailar Sabina a las tres intentando no derramar las copas de vino que bailoteaban a nuestro alrededor siendo testigos de nuestro amor. Tú que eres culpable de la resaca al día siguiente por las risas que se convierten en banda sonora.
Tú que me quieres queriéndome, desmelenada, soñadora e imperfecta
Tú que me quieres queriéndome, desmelenada, soñadora e imperfecta.
Y yo que quiero que vuelvas, porque contigo las manillas del reloj saltan y se esconden en cualquier sitio para que el tiempo no nos toque los talones.
Y te marchas, pero sé que vas a volver haciendo que mis mejillas parezcan dos volcanes a punto de erosionar. Y que te quedarás mirándome como si en mis ojos encontraras qué sé yo. Te las arreglas para hacerme sentir en el cielo y me pierdo en el tiempo cuando tarareas en mi oído esas canciones que agarran fuerte a los besos que nos repartimos sin cesar. Dime, por qué si sé que volverás te echo de menos, dime por qué no rompemos las manillas del reloj.
Dime, por qué si sé que volverás te echo de menos, dime por qué no rompemos las manillas del reloj
Otros textos del autor:
.- Con ganas de vivir a todo gas
Espe García Serrano – blog
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No lloro por lo que terminó, sonrío porque sucedió
Ayer solo sentía alegría al pensar en ti. Hoy el cielo no contiene ninguna estrella cuando te recuerdo.
¿Cómo ha podido cambiar tanto nuestra historia?
Nuestra historia no ha cambiado… En la memoria del tiempo sigue siendo la misma, pero yo… yo, si he cambiado cuando pienso en ti.
No soporto recordar, recordarte en los momentos en que nuestro lema era la complicidad. Aceptar, la desilusión de, que ya no estés en mi vida al 100 % era parte del trato pero… ¡Como me resisto a mantener ese trato con una sonrisa! ¡Como me resisto a prescindir de tu complicidad!
Hoy pienso en ti, hablo de ti como si de un “jero” se tratase.
Mañana aprenderé a no llorar por lo que terminó, aprenderé a sonreír porque sucedió, pero ahora, ahora déjame que me desahogue, ya ves…, llamo a nuestra complicidad.
Me permitiré, con rabia, manifestar mi sentimiento hacia ti.
¿Te creías perfecto? Porque no era así. Yo te hacía perfecto a ti.
Si te llega que estoy dolida, no te lo creas. Si oyes que estoy rabiosa, no te lo creas. Simplemente recuerdo con fuerza lo que no me gustaba de ti.
Dejarte ir hoy no lo haré, pero mañana si. Y pasarás a ser mi sonrisa en el recuerdo de una complicidad que llegó a su fin. Pasarás de ser «un Jero» para volver a ser «Guay». Pasarás a ser una de mis historias, entre otras que me hicieron feliz.
Mañana pensaré en mi y en los momentos que disfruté contigo. Mañana mi cielo estará lleno de estrellas, porque yo te miraré como alguien con quien fui capaz de descubrirme, y mi centro no serás tú. El centro de mi historia seguiré siendo yo.
No lloro, sonrío hoy.
Un grito en la noche… Asusta a cualquiera; menos a ti.
Me conoces y sabes que es un grito, explosión de mi alegría. No te he visto, pero sé que llegas, como tantas veces.. de imprevisto.
No se te ocurre llamar, llegas a tu casa. Y como de un lobo solitario se tratase, piensas que no necesitas más que tu llave para entrar.
Tu llave, esa sonrisa que hace de tu cara un dulce
Tu llave, esa sonrisa que hace de tu cara un dulce, que no me resisto a aceptar. Un dulce que entra en mi cuerpo y que borra toda contrariedad que haya sentido durante el día
¿Y si un día no estoy sola? ¿Y si un día no lanzo ese grito?
No importa, no te sentirás molesto; entrarías en el juego de intentar ser tres. De formar parte de lo que esté viviendo en ese momento. Te quiero. Pero a veces me “descompones”: vives tu día, mi día, sin pensar que después llega otro detrás. Cada día, para ti es, un espacio cerrado de 24 hora.
Sé que «no soy la otra», pero también sé que que no buscas el compromiso
Sé que «no soy la otra», pero también sé que que no buscas el compromiso, que cada día lo vives, como si de una habitación cerrada se tratase.
Me río sola, recuerdo el momento en que te comenté: ¡tú y tu vida de pasillo largo!, con tus muchas habitaciones, una junto a la otra, y que cuando las vas abriendo: siempre estoy yo.
Me miraste, me volviste a mirar, cogiste aire… y te acariciaste la mejilla perplejo. A mi me salió, no el grito, pero sí la carcajada: “te había pillado” y tú te resistías y aún te resistes a decirme: Si, en mi vida estás tú en primer lugar.
Sé que te quiero. Sé que te querré porque tengo memoria de lo que vivo, de lo que hemos vivido y de lo que quiero seguir viviendo. Y si te tengo que olvidar… no me será fácil.
Itziar
Más textos: Amor, solo amor
“Lo que solemos llamar desesperación, es solo nuestra dolorosa hambre de esperanza.” (George Eliot)
Mi boca lleva de bandera el sabor de la tuya desde el día en el que el calor del asfalto, en pleno agosto, no llegaba al que sentíamos al rozarnos. La ansiedad termina cediendo espacio a la estabilidad, y dudas si realmente está bien; acomodarse en el infierno termina por calcinarte. Sabes que el fin existe y que está en tu mano abrazarlo o apartarlo lejos, atarlo y silenciarlo con cinta americana. Eliges lo segundo; la estabilidad del infierno.
Llena de llagas susurras que soplando muy fuerte lograrás enfriarlo,
Aquel infierno antes fue océano
que aquel infierno antes fue océano y ya no puedes renunciar a él. Eres fuerte y aún sabiendo la toxicidad del fuego persistes en entrar en calor antes de nadar en aquella inmensidad que a tantas marineras se ha tragado.
Te pensaste hidra de Lerna y terminaste como un animal agachando la cabeza por cariño. Soportando lo insoportable. La angustia terminó por conquistarte y lo que más te torturaba era pensar en que tu madre se culparía por aquella libertad concedida si conociese el ardor de aquel mar.
Más tarde, la cara húmeda del mal mojaría mis labios con lágrimas, arrepentido por las quemaduras. Quemaduras que repetiría de nuevo con más intensidad, con brasas en la lengua, apuntándome a la retina y al tímpano.
No pides ayuda, porque piensas que los puedes arreglar
No puedes pedir ayuda porque eso sería zanjar algo que tú crees que puede arreglarse, pero arreglar cristal roto con saliva nunca ha dado resultado. No puedes pedir ayuda porque tienes fe en que puedes impulsarte sola para salir de todo esto, pero después del empuje nunca llegas a la superficie y cada vez estás más cansada. No pides ayuda porque crees que es debilidad, es decepción y sobretodo, profunda tristeza para aquellos a quienes adoras. No pides ayuda porque ya es tarde.
No pides ayuda porque ya es tarde
Texto escrito por:
Marta González
Te quiero y puedo decírtelo de muchas formas. Te quiero cuando me miras y brillas. Y me haces temblar con tu mirada acariciando la mía como si fuera un vals. Entonces todo comienza a dar vueltas y nosotros nos mantenemos de pie, firmes uno al lado del otro. El tiempo se para y rompemos las manillas del reloj para que no puedan girar
Soy consciente de que rompería todos los mapas para perderme en tu sonrisa
Y, sonríes. Sonrío. Y soy consciente de que rompería todos los mapas para perderme en tu sonrisa.
Te quiero cuando me acurrucas entre tus brazos en mitad de una noche de invierno o de un agosto caluroso. Cuando me abrazas fuerte y rompes todos mis miedos en trozos y escondes cualquier pegamento que pueda juntar las piezas de la oscuridad. Cierro los ojos y me siento en casa. Contigo. Aunque estuvieras meciéndome en mitad del abismo. Eres hogar.
Te quiero cuando aplaudes mis logros y te sientas a mi lado en mis caídas
Te quiero cuando aplaudes mis logros y te sientas a mi lado en mis caídas. Y acaricias mi espalda y me animas aun cuando te quedas sin voz. Cuando vienes y me dices que jamás olvide que mis sueños pueden ser una realidad. Que llorar no es un delito y que hay que romper las normas a carcajadas.
Te quiero cuando me besas en el descansillo antes de subir el primer escalón…y coges mi mano para que tropecemos con nuestros labios un par de minutos más. Cuando acaricias mi cuerpo y siento un leve cosquilleo en el alma. Cuando somos nosotros sin más. Tan nuestros que jamás nadie pueda entenderlo.
Te quiero porque aun en silencio te escucho dentro
Te quiero cuando haces de cada ciudad, Verona. Cuando me ofreces tu mano para bailar en cualquier sitio: entre tus brazos, en la acera, camino a sabrá dios dónde, en un bar cualquiera…sin miedo de tropezarme con tus pies y deseando saltar hasta toparme con tus labios.
Te quiero cuando haces que las doce parezcan las ocho a tu lado. Y las campanas dejan de sonar y no haya zapato que olvidar. Cuando me da igual si las carrozas se convierten en calabaza. Solo quiero que tus labios sigan moviéndose al ritmo de nuestras respiraciones y no apartes tus manos de mi cintura. Y sigamos besándonos.
Te quiero porque aun en silencio te escucho dentro.
Autor
Espe García Serrano –Libro
Twitter: @essspegarcia
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Querida sociedad: No quiero pasear por las calles con miedo al qué pasará
Seguro que tienes en tu vida alguna persona a la que llamas egocéntrica u orgullosa. Un amigo, compañero egocéntrico u orgulloso es difícil de tratar porque siempre es él y solo él. El simple nombre nos pone sobre la pista,,, todo tiene que girar en torno a él. Es un narcisista: está enamorado de si mismo y no puede parar de exteriorizarlo. Y resulta cansado.
El egocéntrico es el pobre-ego, que se muestra como ego-multimillonario
Debajo de tanto orgullo lo que se esconde es una falta de autoconfianza en sí mismo. El egocéntrico tiene una sensación pobre sobre él que contrarresta mostrándose siempre como el mejor. Tiene que ser siempre el centro de atención y lo consigue, porque se ha pasado la vida desarrollando esta fachada de “soy el más guay en todo lo que hago”, “como yo no hay dos” Es como un globo, que al más mínimo pinchazo se desinfla, porque en el fondo sabe que todo lo que reluce en él no es oro y no sabe convivir con la parte gris, de nuestra personalidad, que todos tenemos. El quiere ser un sol un sol que no conozca la sombra y esto no es real. Separarte emocionalmente de personas que representan este papel, es un alivio para tu autoestima.
Rasgos de las personas egocéntricas u orgullosas
Poseen sentimientos de Grandeza
Se creen que están destinados a realizar grandes hazañas, que la vida cotidiana no es lo suyo. Sus planes de futuro suelen estar fuera de la realidad…, porque no son capaces de evaluar lo que está a favor o en contra.
Encontrarán una cabeza que cortar y no, precisamente, la suya
A ellos, nada puede salir mal y si algo sale mal, ya encontrarán una cabeza que cortar y no la suya porque no son capaces de autoevaluarse.
Ambición y expectativas desmedidas
Siempre quieren más. Nunca es bastante con lo que tienen. Se vuelcan en compras costosas para demostrar que socialmente son más que nadie. Tienen que tener lo mejor de lo mejor. Lo suyo es mejor que lo que tú tienes por el simple hecho de que es suyo. Un viaje, un coche, una pareja… siempre te lo presentará como lo más en comparación con lo tuyo. Resulta aburrido y en muchos casos hasta, si estás de buen humor, gracioso.
Distorsión de la realidad
Todo lo que hacen lo centran en ellos. Todo lo convierten a su favor. La realidad está en función de ellos y no al revés. Si hace sol es porque se han puesto una camiseta de tirantes…, y no porque sea verano. Si se sienten “mareaditos” no es que hayan bebido una copa de más, es porque el licor era malo…
Otro rasgo característico es su falta de empatía
Los sentimientos de los demás no cuentan para él. No siente ni tiene ningún reparo en dañar al otro para conseguir sus objetivos. En su conciencia aparecen como “elementos a solucionar”
Su falta de empatía nos lleva a observar otro rasgo en el persona egocéntrica, y es que
Se percibe con derecho sobre las otras personas
El tiene derecho a ser escuchado, cuando no escucha. El tiene derecho a que le prestes tu atención, aunque tú tengas otras cosas en mente que en ese momento te son más prioritarias… vaya, el orgulloso te considera un ser a su servicio.
Reacciona desmedidamente ante las críticas o comentarios
Como es una persona falta de una verdadera autoestima, ten cuidado cuando le haces un comentario que él considera desfavorable. Todo lo toma como una crítica a su persona y no a un hecho concreto. Hasta lo que tú consideras una observación o una propuesta, él lo vive como que le estás atacando. Y saltará sobre ti como un león sobre su presa.
Son propensos al exibicionismo
Les gusta que la sociedad les valore, les gusta la adulación y por lo tanto suelen querer estar en cargos públicos. Y funcionan en ellos ya que resultan persuasivos y manipuladores para conseguir lo que se proponen.
En el fondo una persona egocéntrica-orgullosa suele ser una persona solitaria y negativa
Una de las formas de sobrevivir a una relación con una persona orgullosa es el alejamiento, si su cercanía te hace sufrir.
Tus intentos de complacerlo, seguramente que fracasarán
Tus intentos de complacerlo, seguramente que fracasarán porque es muy probable que nada de lo que hagas termine por alcanzarle. Es muy probable que nunca recibas su reconocimiento, y no es muy agradable vivir así.
Mostrar orgullo es muy positivo pero cuando es un orgullo que está basado en un amor sano por nosotros mismos, fruto de la autoestima y la autoconfianza. Un orgullo que sabe aceptar y valorar al otro y que se alegra de sus logros y de los logros de los demás. El orgullo negativo, el egocentrismo, es lo que llamamos soberbia. Y la soberbia no tiene lugar en un mundo de relación.
Abrí la ventana y observé por primera vez. La había mantenido cerrada varios años; en realidad, no recuerdo la última vez que la había abierto.
Estudié el paisaje que se exponía ante mí: el cielo desierto se abría paso hasta los confines del mundo perfilado y, a su vez, del suelo estrellado, asomaba un mar de astas de primavera. Rápidamente, salté al exterior y me adentré en el tortuoso bosque.
Los primeros árboles que se me presentaron eran de delgada constitución, sin mucho que contar y separados por pocos metros de distancia.
A medida que avanzaba, la naturaleza crecía a mi paso cada vez más frondosa y densa. Llegó un punto en el que un muro de plantas de grosor incalculable me dificultaba el paso, haciendo mis movimientos más torpes. La meticulosidad con la que se movía, casi imperceptible, me susurraba sus caminos.
Los árboles se ensanchaban a cada paso hacia el norte dándoles un aspecto majestuoso.
Me detuve por primera vez, frente a un arbusto hacia la mitad de mi camino.
Estaba acompañado por plantas que no supe reconocer y envuelto en el sosiego de la noche. Instantes después de detenerme, me habló
Sin conocerme más que de verme por los alrededores de su bosque, me mostró la historia de sus cicatrices. Por las arrugas que lucía, y el añoro plasmado en su voz con la que me contaba sus hazañas, supe que era de avanzada edad.
Yo escuchaba con atención todo lo que aquél anciano me decía, asintiendo y sonriendo en los momentos adecuados, sabiendo que poco a poco se nos acababa el tiempo. Cada palabra que me regalaba, le robaba más el aliento, haciendo que se consumiera cada vez más, como si de un cigarrillo entre los labios de Hades se tratase.
Finalmente, volvió a reinar el silencio, dando por finalizado el relato y a mi viejo amigo por muerto. Tan solo habíamos estado hablando unos minutos, sin embargo, la energía juvenil que mostraba en su historia
Me hizo alegrarme por él y su vivaracha vida en vez de entristecerme por su reciente fallecimiento.
A partir de ese momento, volví a detenerme en varias ocasiones para escuchar lo que aquél bosque tenía que expresarme, aprendiendo de la sabiduría y de la vejez de sus ramas que me acogían con afecto.
Varias batallas luchadas después, el horizonte se iba aproximando. Tan sólo me quedaban tres hileras más para concluir mi aventura y llegar dónde ya sabía de antemano que era mí final. Sonriente, escuché a los pocos que quedaban.
Mi existencia finalizó junto a la de aquel bosque, en el punto exacto donde el azul del cielo, ya bañado por el sol, tocaba el verde de la hierba. Miles de árboles murieron aquella noche, no obstante, mi alma se retiró de aquel mundo felizmente, sabiendo que me llevaba conmigo siglos de conocimiento y más cariño del que nunca había obtenido.
por:
Blanca de Villa
Como olvido a mi ex
¿Alguna vez que te has preguntado cómo olvidar a tu ex? ¿Has leído guías en las que te explican, paso a paso, que cosas deberías hacer o dejar de hacer?
Lo que está claro es que no hay una fórmula mágica para dejar de querer, si eso es lo que estás buscando, créeme que no lo encontrarás aquí.
Cada persona es un mundo y, con ella, cada relación también. Te plantearé lo que me ha funcionado a mí y espero que te sirva también.
Deja apartadas a un lado todas esas canciones que te recuerdan a tu pareja
Deja apartadas a un lado todas esas canciones que te recuerdan a tu pareja. Son preciosas y te encantan, pero te aseguro que ahora te harán un nudo en el estómago. Te traerán miles de recuerdos que, aunque llegado el momento sonreirás al recordar, ahora te anclarán a algo que ya no existe. Se ha ido y tu objetivo es superarlo sufriendo lo menos posible. Guarda en algún sitio todos los regalos. No hace falta que borres las fotos si no quieres, pero ocultarlas sería una buena manera de apartarle de tu mente. Tardarás en sacarte a tu pareja de la cabeza, así que, al menos, manténla lejos de tu vista. Si tienes cosas suyas, puedes devolverlas educadamente o esperar a que la situación esté más tranquila. Que no parezca que le devuelves lo suyo o pides sus cosas como venganza. No estás despechada, no hagas que lo parezca.
Necesitas asimilar lo que ha ocurrido
Necesitas asimilar lo que ha ocurrido, no se trata de enfadarse, gritar, insultar y enviar mensajes de manera compulsiva. Tienes que entender que has perdido a la persona a la que amas. Pero ha sido una fase y, como cualquier otra, hay que superarla de la manera más sana posible. Normalmente nos quedamos con muchas cosas que decir, preguntas que hacer o sentimientos que expresar. No todas las rupturas nos dejan la oportunidad de volver a entablar comunicación. Coge papel y boli o abre un documento de Word y empieza a escribir. Yo personalmente te recomiendo el formato de una carta. Escribe lo mismo que le dirías si le tuvieras frente a ti, absolutamente todo. No te guardes nada, imagina que es la única oportunidad que tendrás. Vuelca tu alma en esa carta y, cuando termines, manténla guardada. Esperaremos unos meses para decidir qué hacer con ella. Tu primer impulso será enviarla, pero eso podría ser una bomba de relojería o un cartucho de dinamita caducado, puede funcionar bien en el momento exacto o estallarte en las manos cuando menos te lo esperes.
Si habéis acabado como amigos, tienes dos opciones. Puedes mantener la amistad o alejarte. Ambas opciones funcionan y son correctas, no te voy a invitar a echarl@ de tu vida, voy a plantearte los pros y contras de cada una.
¿Queréis ser amigos?
Es una opción habitual, sobre todo cuando habéis sido amigos antes que pareja. Es cierto que es difícil si hay rencillas todavía sin zanjar. Si tenéis un grupo en común, te recomiendo que por ahora limites las veces que le ves a esas ocasiones. Que haya más gente significa que podrás evitar los momentos violentos e incomodos, además, aprenderás poco a poco como enfrentarte a esta nueva situación.
¿Quieres olvidarte de él/ella?
Bloquear a una persona no es la solución (salvo que hablemos de casos de acoso) así que, si no eres capaz de dejar de hablarle, elimina el contacto. Si no te lo sabes de memoria conseguirás dejar de hablarle hasta que te sientas mejor contigo misma. Uno de los errores más comunes son esos whatsapp que enviamos cuando somos personas impulsivas, pudiendo romper todo lo bonito que queda entre los dos.
Un amigo es, junto a la familia, lo más valioso que podemos tener.
A veces, durante la relación, nos alejamos de personas que nos aportan cosas buenas. Amigos con los que teníamos confianza ahora se han convertido en conocidos, les vemos por la calle y les saludamos con un simple “hola” En otras ocasiones llegamos a romper amistades por conflictos con nuestra ex pareja. Tranquil@, nunca es tarde. Retoma contacto con las personas que han sido importantes para ti, pide perdón si es necesario y lucha por traerles de nuevo a tu vida. Un amigo es, junto a la familia, lo más valioso que podemos tener.
Pasa tiempo con ellos. Estar en casa solo te va a servir para pensar y eso suele ser sinónimo de agobio. Sal a tomar algo, un café, unas cañas, dar un paseo, lo que sea. Apúntate hasta al plan más absurdo que te ofrezcan. Necesitas estar despejada y entretenerte. Reconecta contigo misma. En las clases o el trabajo da el cien por cien de ti. Vuélcate en hacerlo genial, no solo avanzarás y serás recompensada, también estarás ocupada la mayoría de las horas del día.
Un clavo nunca saca a otro clavo
No reenganches con otra pareja. No busques sexo para olvidar. Un clavo nunca saca a otro clavo, si tienes que conocer a alguien, ocurrirá lo busques o no. Necesitas conocerte a ti misma, dedicarte tiempo a ti y a tu familia/amigos. No te dejes anular por la idea de que necesitas estar en pareja, tú eres una persona completa.
Escrito por:
Debbie Fawkes
Instinto de odiarte pero el corazón bombea amor por mi cuerpo,
No estimulas mi intelecto, pero sin embargo mi corazónaletea con más ímpetu que nunca cuando pasas por mi lado.
Me gustaría comerte a versos y vomitar mis sentimientos,sobre ese cuerpo,
Escrito por:
Sara Díaz García
Reconocer y aceptar que estamos tratando con personas tóxicas es el primer paso para no caer en sus redes y podernos proteger. Nos cuesta muchas veces dar este primer paso, nos cuesta reconocer que una persona que está cerca de nosotros la podamos llamar de este modo: tóxica.
Muchas veces nos ocurre, por lo menos a mí si, que al principio tomamos sus «toxicidades» como «prontos» que nuestro amigo exterioriza en la relación y nos decimos: pero.. él/ella, no es así.
Estamos confundidos, él/ella es una persona tóxica. El término nos puede resultar duro, pero le pongamos el calificativo que le pongamos, la verdad es que nos estamos relacionando con alguien que nos produce casi siempre malestar. Son persona que tienen por característica principal, la falta de empatía. Y así, es difícil entablar una relación de amistad o de algo más… y no «perder» en ella porque no valora nuestras emociones. Le da lo mismo lo que produzca en nosotros su comportamiento, con tal de «obtener su resultado».
Rasgos que nos permiten identificar a una persona como tóxica
El egoísmo es el rasgo característico. Su falta de empatía les lleva a querer salirse siempre con la suya, ya que no les interesa los sentimientos de la otra persona.
Es el típico: «yo, yo… y siempre yo»
Es el típico: «yo, yo… y siempre yo». Para obtener lo que quiere de ti no le molesta manipular, o herir tus sentimientos con críticas o reproches.
No asume sus actos como propios
Otro de sus rasgos es el victivismo: Él/ella es perfecto, pero si algo hace mal… es culpa de otro. No asume sus actos como propios. Si desea una cosa y no la consigue, engancha sin más el rol de «pobrecito yo».
Cómo me libro de una persona tóxica
La separación es la forma más radical de no sentirse atrapada en la relación. Es decir: hasta aquí hemos llegado. Tú con tu vida y yo con la mía. Cortar por lo sano, que se dice.
Los sentimientos encontrados dificultan nuestra decisión
Así nos liberamos de continuar con alguien que de forma continuada vemos que nos causa daño. Es el modo de practicar nuestra autoestima: Nos merecemos una persona que nos estime y no una persona que solo nos quiera para su propio provecho. Las relaciones siempre son cosa de dos o más individuos y todos deben participar en el dar y recibir… No es una cuestión de aritmética, pero sí de sentido común. Muchas veces no nos resulta fácil ni clara esta decisión porque percibimos en nosotros sentimientos encontrados.
Otra forma de librarte de una persona tóxica es ponerle límites: Aprende a decir NO.
Decir no con convencimiento hace saber a la otra persona hasta donde puede llegar contigo
Decir no con convencimiento hace saber a la otra persona hasta donde puede llegar contigo. Y eso siempre es bueno para nuestra autoestima y para desarrollar unas relaciones de calidad, con las que nos sintamos a gusto.
Y por último vamos a Romper su juego: Romper su juego significa que no vamos a seguir dándole beneficios.
«hoy no puedo»
Si quiere criticar, que critique pero no conmigo. Si quiere seguir pidiendo favores sin que nunca haga ninguno, pues se corta el grifo: «hoy no puedo». Poco a poco se dará cuenta de que este tipo de relación no te interesa y se irá o aprenderá a comportarse de otra forma. Y tú te sentirás liberada de una relación que tal como se está produciendo te causa incomodidad como mínimo.