Fuimos un cuento breve que leeré mil veces.
Desde niña me han gustado los cuentos. Me gustan los cuentos de ayer y de hoy: Todos tienen un final feliz, como nuestro cuento breve que leeré mil veces.
Pienso a veces, cuando releo nuestro cuento en mi mente, que fue tan perfecto porque fue breve. Tú y yo y 30 días de escenario.
Fue un cuento sin responsabilidades. Fue un cuento donde nos encontramos y nuestra única responsabilidad era hacernos felices.
¿ Nuestro cuento fue una historia de amor?
No se la respuesta, pero se que releo por las noches nuestro cuento y siempre lo encuentro bonito.
Fue un cuento sin ataduras y la separación la convertimos en otra forma de libertad. Fuimos libres, libres como el viento, hasta en el momento de decir adiós.
Leo nuestras risas y nuestras discusiones filosóficas sobre ¿es eterno el amor? Leo nuestras sonrisas al contemplar el mar y reír a carcajadas cuando la ola se estrellaba contra la roca y de su estallido salían pompas blancas de espuma.
Nada se pierde, decíamos. Nada se pierde, sigo pensando, como no se ha perdido nuestro cuento de libertad.
La brevedad de nuestra historia la hizo perfecta. Y fue perfecta en su brevedad.
Hoy sonrío cuando vuelvo a leer nuestra historia, algún día la escribiré, y la compartiré con otros lectores. Hoy solo la tengo para mi.
¿Me estoy atando en mi historia de libertad?
No. Soy libre para releer mi cuento cuantas veces quiera. Soy libre para mantener un espacio que deseo que sea para mi sola: El espacio que compartimos esos 30 días.
Yo tengo mi cuento, mi cuento favorito, el cuento de 30 días vividos en libertad. El cuento, que como todos los cuentos, me anima a seguir siendo la mujer que amó en libertad.