Las manillas del reloj
Acabas de marcharte y ya te busco, tengo en mi cuello tus besos sellados como una carta de amor de esas que te elevan al cielo y que te acogen para que no caigas. Me tienes en una constante sintonía, en París o en Venecia, donde sea.
Te marchas y ya cuento los segundos que faltan para que vuelvas a subir en el ascensor que tanto odio y me rocíes de caricias con tanta delicadeza que reventaríamos el mismo paraíso para convertir el nuestro. Todavía huelo tu perfume, el que es culpable de que mis sábanas hace tiempo se hayan convertido en tu cómplice.
Tú, que me haces bailar Sabina a las tres intentando no derramar las copas de vino que bailoteaban a nuestro alrededor siendo testigos de nuestro amor. Tú que eres culpable de la resaca al día siguiente por las risas que se convierten en banda sonora.
Tú que me quieres queriéndome, desmelenada, soñadora e imperfecta
Tú que me quieres queriéndome, desmelenada, soñadora e imperfecta.
Y yo que quiero que vuelvas, porque contigo las manillas del reloj saltan y se esconden en cualquier sitio para que el tiempo no nos toque los talones.
Y te marchas, pero sé que vas a volver haciendo que mis mejillas parezcan dos volcanes a punto de erosionar. Y que te quedarás mirándome como si en mis ojos encontraras qué sé yo. Te las arreglas para hacerme sentir en el cielo y me pierdo en el tiempo cuando tarareas en mi oído esas canciones que agarran fuerte a los besos que nos repartimos sin cesar. Dime, por qué si sé que volverás te echo de menos, dime por qué no rompemos las manillas del reloj.
Dime, por qué si sé que volverás te echo de menos, dime por qué no rompemos las manillas del reloj
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