Atención plena
La atención plena es la capacidad que todos tenemos para concentrarnos al 100% en lo que queremos hacer. Si dominamos la atención plena no dejaremos entrar pensamientos o sentimientos que nos distraigan de nuestro cometido. Seremos todo acción con la tarea que nos hemos propuesto.
Podemos decir que cuando vivimos un momento de atención plena, deja de existir para nosotros todo lo demás: Nuestro mundo se reduce a “mi yo” y “mi tarea”.
Por qué nos cuesta tener una atención plena
Nuestra cultura promueve la acción pero no la atención. Nos dirige a movernos, a estar activos pero a una acción compulsiva que requiere hacer muchas cosas y muchas cosas a la vez. Nos han educado para comportarnos así. Lo normal es que hayamos oído muchas veces… mientras haces esto, acuérdate de… o; mientras estás haciendo esto, estáte pendiente de…
Y nos hemos acostumbrado a pensar que esta forma de comportarnos es la correcta. Pero si nos fijamos el tener esta actitud nos suele traer complicaciones: pensamos que tenemos que hacer muchas cosas, y todas a la vez, y nos agobiamos. Y el agobio crea estrés (concepto muy normalizado en nuestra sociedad, pero poco útil y en muchos casos devastador porque arrasa con nuestro bienestar, con nuestra serenidad)
La atención plena nos hace protagonistas de nuestros actos
Nuestra vida parece ser una lluvia constante de tareas. Es verdad, vivir conlleva sentirnos activos, ser dueños de lo que hacemos… y aquí entra de pleno la atención. La atención, la atención plena es la que nos hace protagonistas de nuestros actos. La atención plena es una forma de atención que se puede cultivar y que si la cultivamos con constancia disfrutaremos de sus beneficios.
Tres pasos para iniciarte en la atención plena
Primer paso:
En la cama, antes de levantarte, dedica unos minutos a observar tu respiración. Ella te dirá si comienzas el día con tranquilidad o ya desde el comienzo estás acelerado. Y al mismo tiempo observa también los pensamientos que en este primer momento fluyen a tu mente. Es un ejercicio que te sorprenderá.
Segundo paso:
Durante tu día encuentra pequeños momentos en los que puedas observar tu respiración. Sé consciente de tu forma de respirar, aunque sea por breves momentos en cualquier situación que estés viviendo. Solo mira como entra y sale tu aire de tu cuerpo.
Tercer paso:
Al final del día dedícate un rato a apreciar lo que has logrado. No juzgues. Sólo aprecia lo que has hecho. Mírate sin poner sentimiento a las escenas, solo mira. Es una forma muy útil para “caer” en los patrones habituales y de los que normalmente no te das ni cuenta.
Practicar la atención plena y llevarla a tu vivir cotidiano es “un cómplice” que nunca te defrauda porque te hace ser dueña de tu propia vida.
La mente es un espejo flexible, ajústalo, para ver mejor el mundo
Amit Ray
Itziar