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Debatirse entre dos personas

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Supongo que a vosotros también os ha pasado, el debatirse entre dos personas.

La primera persona es, sin duda, el amor de tu vida. Eso no es discutible, admítelo ya. Porque nunca se va, porque nunca haces realmente nada para que se vaya. Porque siempre dejas la puerta abierta, porque se te para el corazón cuando parece que va a cogerla para irse. Y sujetas ese fino hilo, ese hilo que os permite jugar el uno con el otro, tirar y aflojar, y que no se rompe.

 

Y sujetas ese fino hilo, ese hilo que os permite jugar el uno con el otro, tirar y aflojar, y que no se rompe

 

Esa persona está en tu café por las mañanas, en la fría estación del tren y en el hastío de esperarlo, entre tus apuntes, en cada mordisco de tu comida, en tus mejores sueños y peores pesadillas. Su fantasma te persigue y ya no recuerdas tu vida sin esa compañía constante. Ese amor es el que te produce un nudo en la garganta, te revuelve el estómago y te cambia los colores de la cara, el que te hace sudar y, a la vez, tener escalofríos por el frío. Es el que te cruzas por la calle y te hace casi expulsar el corazón por la boca, tartamudear un tímido “hasta luego” y recrearte en ese breve encuentro durante semanas. Ese amor es el que imaginas a tu lado en las noches frías, para que lo sean menos.

 

Es tu alma gemela, tu media naranja, tu destino.

 

Ese amor es el punto de partida: todo va a ser comparable a él. Es tu alma gemela, tu media naranja, tu destino. Pero todo es injustamente complicado y nunca podréis estar juntos aunque tampoco separados. Vuestra historia fue tan real como tóxica, vuestro futuro estaría construido sobre unas bases tan quebradas, que se desmoronaría tan rápido como se construyese. Habéis destrozado tanto lo que un día fue, que no podéis acercaros a sus cenizas sin quemaros. Aunque lo hayas intentado tantas veces que tengas cicatrices de cada vez que las intentaste recuperar.

 

Vuestra historia fue tan real como tóxica

 

Afortunada o desafortunadamente, aparece la segunda persona. Esa persona que te ha visto rota, ha recogido tus pedazos, los ha reparado con delicadeza y te ama tanto a tí como a la versión rota que se encontró. Esa persona que te hace sentir segura solo con estar a tu lado. Que tiene una sonrisa magnética, unos ojos sinceros, unas manos sanadoras. Tu madre lo adora, tus hermanos lo imitan y tus amigas le sonríen, muriéndose por dentro de la rabia de no ser tú. Y tú… Tú te conformas. Porque es lo que hay que hacer. Porque es lo que te pide el mundo, lo que te pide la vida. La vida te pide calma: llevas años en medio de la calle en plena tormenta, sin zapatos y corriendo con el viento de cara.

 

La vida te pide calma: llevas años en medio de la calle en plena tormenta, sin zapatos y corriendo con el viento de cara.

 

Necesitas que te cojan de la mano, te lleven a un sitio seguro y te arropen. Te conformas, por tí, por él, por toda esa gente. Por la gente que te quiere y te ha visto llorar. Porque te han visto perdonar lo imperdonable, y quererte cada día un poco menos. Por lo felices que son de verte por fin con alguien que te merece. Pero, ¿La verdad? Tu estómago no se agita a su lado, tu garganta no se anuda, tus noches son, simplemente, templadas. No tartamudeas ni una sola vez. Hace meses que no te recorre un escalofrío de esos que hacen sentir viva. Pero es lo correcto, lo bueno, lo que toca, lo que debes, lo que hay. Así es la vida. A veces, no se trata de ganar o perder. Solo puedes arriesgar más, o arriesgar menos. Pero siempre se pierde.

Apuesto a que os ha pasado a todos, a que todos tenéis ahora mismo a dos personas en mente. Yo las tengo y, esta noche, mientras que cerrando los ojos, me deje caer entre los brazos de una, voy a pensar en la otra para así sentir calor.

Escrito por @burningmetaphors

 

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