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Pensamientos distorsionados: cómo identificarlos

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Cada minuto cientos de pensamientos pasan por nuestra mente. Ser consciente de todos ellos, por lo tanto, es complicado. Sin embargo, algunos colapsan al resto, atrapándonos en un bucle de ideas negativas que pueden llevarnos a situaciones desagradables.
Esto nos ocurre a todos, la única diferencia es que algunas personas simplemente ignoran estos pensamientos, y otras, les prestamos atención. Si eres del segundo tipo, no te preocupes, eres de las mías. Lo que tienes que hacer es educar tu mente, y el primer paso para eso es aprender a identificar esos pensamientos que te hacen sentir mal y ponerles nombre.

Las emociones y conductas siempre van precedidas de un pensamiento, por eso es importante aprender a identificarlos. Por ejemplo, si te sientes agobiado o nervioso, puede que antes hayas pensado que vas a suspender el examen que tienes mañana.

¿Cómo puedes identificar tus pensamientos? Lleva siempre una libreta o un bloc de notas en tu mochila y apunta lo que sientes, qué pensamiento puede haberte hecho sentir así y qué reacción tienes ante eso. Así, unos días después podrás leerlo y entender lo que te ha hecho sentir mal.

Bien, una vez que has identificado qué pensamientos son los que te incomodan, trata de ponerles nombre. Los pensamientos distorsionados más comunes son los siguientes:

– Pensamiento polarizado: tendemos a pensar que las cosas son blancas o negras. Lo cierto es que existen tonos grises, es decir, siempre hay un término
medio.

– Sobregeneralización: cuando nos ocurre algo malo, creemos que nos ocurrirá siempre y decimos cosas como “todo me pasa a mí”, “nadie me entiende”.

– Visión catastrófica: este pensamiento hace referencia a la típica pregunta ¿y si…? Por ejemplo, una amiga te cuenta que su tía se ha puesto enferma y comienzas a pensar “¿y si me pasa lo mismo?” “¿y si yo también enfermo?”

– Culpabilidad: cuando nos ocurre algo tendemos a buscar un culpable. Algunos lo buscan en otras personas y otros se culpan a ellos mismos. En realidad, la “culpa” no existe, nadie es culpable de lo que nos pase y tampoco nosotros lo somos. Si te ocurre esto, prueba a cambiar “culpabilidad” por “responsabilidad”.

– Debería: por lo general, tenemos una lista de normas que queremos cumplir y si no lo hacemos nos frustramos. Muchas veces, tenemos que ser mas flexibles con nosotros mismos.

– Tener razón: nos justificamos intentando hacer ver a la gente que tenemos razón, que lo que decimos o pensamos es verdad.

Haz el ejercicio de identificar y ponerle nombre a tus pensamientos, así si no puedes ignorarlos, al menos sabrás de donde vienen y entenderás qué es lo que te hace sentir mal para poder cambiarlo.

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