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No todos valemos para los mismo

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«Los electrones tienen carga negativa, los protones carga positiva los neutrones en cambio, no tienen ningún tipo de carga…»
Simultáneamente, mientras el profesor decía esa frase mi cerebro estaba lejos, muy lejos pensando en cómo terminar el texto que tenía entre manos con una frase potente que daría el broche final a mi microrrelato.
Era 2º de la ESO, la asignatura física y química.

En aquella época, mientras las hormonas fluían por el aire de esa clase abarrotada de adolescentes llenos de vida y el profesor intentaba a duras penas hacerse oír entre tanta algarabía, yo me encontraba ahí, ajena a todo lo que ocurría sin darme cuenta de que dentro de poco iba a ocurrir el principio del fin.
En el examen de los protones, electrones y neutrones saqué un 4,2. En aquella época esa nota vino a ser una jarra de agua fría, bueno más bien el diluvio.
Cinco años después miro esa época con nostalgia y melancolía y me doy cuenta de que a veces hace falta caer para darte cuenta de que no vas por el camino correcto, tienes que volver atrás y pensar que tal vez el camino H no te lleva a la meta, puede que sea el R.

Por aquellos entonces, con 14 años con toda la vida por delante me fue fácil pensar que el camino de la C de ciencias no era el adecuado para mí, lo pensé porque fue el primer examen que suspendía, el primer profesor que se me atravesaba y la primera asignatura que al estudiarla no sentía motivación. Todo esto hizo que la rabia brotara en mí, pero no la canalicé en forma de autocastigo, al siguiente examen saqué un 10 y al siguiente año intenté quitarme tan rápido como pude Física y Química para no volverla a dar nunca más.

Me alegro de haber suspendido ese examen porque así supe que la Física no era lo mío, que puede que ese microrrelato que estuve escribiendo mientras explicaba el profesor sirviera para hacer un punto de inflexión en mi vida y que tal vez ganar con él el segundo premio en un concurso literario no fuera una casualidad y lo mismo tenía más futuro en aquel mundillo.

 

Con esto quiero decir que no todos valemos para los mismo, ni tenemos las mismas capacidades.

 

Gardner diferenciaba hasta ocho tipos de inteligencias; lingüística, matemática, corporal, espacial, musical, intrapersonal, interpersonal y la naturalista.

Todas ellas las puedes desarrollar a través de la educación y práctica o repetición. Pero aún así, podemos destacar en alguna especialmente y en otras apenas tener recorrido.

Cuando sientes que te estás ahogando y que las cosas no fluyen como deberían, te das cuenta de quien eres, de que camino quieres tomar y que futuro quieres tener. Mira a tu alrededor, observa, prueba las cosas y piensa si esto o eso te puede gustar, si podrías adquirirlo y ponerlo en tú vida o si en cambio no merece la pena.

El tiempo te va a poner en tu sitio, pero mientras camina por todos los caminos que te muestra la vida y prueba cada uno de ellos, desde la A hasta la Z. Yo he terminado eligiendo el E de escritora, pero antes he probado otros tantos y no me arrepiento porque así he descubierto que algo no me gusta o no se me da tan bien. He escogido senderos también que no son la vía
principal pero que me hacen feliz.

Por último, decirte, que, aunque yo tenía 14 años y me dio tiempo a cambiar,

tú todavía tienes oportunidades, porque ¿estás con vida no?

 

Escrito por: Marina Camazon

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