La vida implica muchos conceptos, muchos procesos, muchas vivencias. Mucho de todo muy complicado.
Pero hay algo. Algo que cambia. Algo que te completa. Te hace diferente. Y te paras a pensarlo y te compadeces de aquellos que no tienen la suerte que tienes tú.
La suerte de compartir sangre. Carácteres. Incluso voz.
Una parte de tu persona anexa a ti. Y a quién por siempre estarás unida.
La existencia jamás recitará un «para siempre » más sincero y verdadero.
Eres pequeña y ahí está. Aprendes a hablar y ahí está. Te caes y ahí está. Lloras. Creces. Aprendes. Maduras. Ríes. Vives. Y vive contigo, no necesariamente cerca. Sois dos y uno. De esto que uno y uno siguen formando uno solo. Ahí está.
Y a veces lo quieres tanto que duele. Porque qué será de ti sin ello. Porque sabes que forma parte de ti y si tirasen de ello para quitártelo te dolería la existencia.
En cambio aprovechas el tiempo que la vida te ha regalado. Cada experiencia cuenta. Cada anécdota suma. Es un poquito más para el álbum.
Da igual cuánto tiempo pase, el ADN no miente. Y el lazo color mar que nos une tampoco, jamás. Y podrían pasar los años y los kilómetros y las vidas. Que nunca cambiaría nada. Y pasarán. Y a lo mejor nos dirán que cada vez estamos un poquito más lejos pero no te preocupes; no saben de lo que hablan.
Entonces te das cuenta
de que nunca serás lo suficientemente mayor
ni estarás lo suficientemente lejos
ni lo suficientemente ocupada
para dejar de ser
la hermanita pequeña.
Por eso, hermana, quiero seguir cantando contigo. Alabando a Andrés por esa magia que lleva consigo. Compartiendo risa infinitamente. Suplicando a las gotas de gasolina que se hagan eternas. Gritando Ferreiro. Llorando. Abrazando. Viviendo. Todo contigo, compañera de vida. Eres inigualable; y por ello siempre te tendré infinito aprecio. Eres lo mejor que me pudo haber pasado en la vida y nunca dejarás de serlo.
Haya o no vida después de esta, eternamente vas a estar conmigo.
La palabra h e r m a n a, yo la llevo a fuego por dentro. Y quema cada vez que no estás. Así que intentemos mantenerlo bajo control.
Por eso un 8 de junio que volvíamos de un concierto maravilloso cantábamos Turnedo. Porque tú tienes el valor de marcharte, pero nunca del todo. Sin miedo a quedarnos tiradas. Porque, pasase lo que pasase, íbamos a estar la una para la otra. Y qué bonito que es eso.
Por ello, a ti el más largo y el más especial. Vive, hermana.