¿Te imaginas a tu abuela de joven comiéndose una bolsa de patatas fritas? ¿O atiborrándose a algún refresco? Yo no, sin embargo, sí que me la imagino viendo cómo se prepara un potaje, un revuelto de verduras o haciendo mermelada casera.
El cambio de los hábitos alimenticios
Entonces, ¿Por qué ahora es completamente normal ver a alguien comiéndose una bolsa de patatas fritas mientras ve una serie o bebiendo cualquier tipo de refresco en su comida principal cuando hace tiempo no lo era?
Esto me lleva a hacerme otra pregunta, ¿Qué está pasando con nuestra alimentación? ¿Qué estamos comiendo?
No hay más que observar unos cuantos datos, por ejemplo, la Coca Cola se empezó a comercializar en España en el año 1953, las patatas fritas llegaron en los años 40. Algo que ahora lo tenemos tan normalizado no lo era hace unas cuantas generaciones.
Ha comenzado el juego de los ultraprocesados. Y aquí el único que irremediablemente va a perder vas a ser tú.
Pero espera, frena ¿qué es esto de los ultraprocesados?
Los ultraprocesados son todos aquellos alimentos que han sufrido un procesamiento donde se les añade, retira, mezcla, texturiza, etc. una serie de ingredientes de baja calidad y/o donde el propio procesamiento disminuye su calidad. Esta peor calidad se traduce en un producto que se vende como alimento, pero que fisiológicamente en nuestro organismo tiene efectos perjudiciales en menor o mayor medida. Como son; refrescos, bebidas energéticas, zumos envasados, lácteos azucarados, bollería, pan blanco, carnes procesadas, pizzas comerciales, galletas, cereales refinados y barritas…
Nosotros los humanos, creamos a los ultraprocesados hace poco menos de un par de siglos. Al principio no daban problemas, no suponían un riesgo para nuestra salud ya que se comían de forma moderada y no estaban tan presentes en nuestra dieta, pero desde hace unas décadas se han ido colando silenciosamente en nuestras cocinas y lo que es peor en nuestro cuerpo haciendo que de repente morir por enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y cáncer sea algo “normal”, ¿no resulta un poco extraño?
Lo es y se lo ha parecido a mucha gente, tanta que se ha empezado a formar un movimiento revolucionario llamado Real Fooding que pretende hacer resistencia a toda esta industria que se ha estado forjando.
Lo contrario a los ultraprocesados es la comida real, se refiere a todos aquellos alimentos que han tenido un mínimo tiempo de procesamiento en su elaboración o que cuyo procesamiento industrial o artesanal no haya empeorado la calidad de la composición o interferido negativamente en sus propiedades saludables presentes de manera natural. Como son; verduras y hortalizas, frutas, frutos secos y semillas, tubérculos y raíces, legumbres, pescados y mariscos, huevos, carnes…
¿Qué pretende este movimiento Real Fooding?
Sostiene la idea de comer comida real y evitar los ultraprocesados, a través del conocimiento y de la conciencia comenzar a sensibilizarnos de qué significa alimentase bien y empezar a darse cuenta de lo que conlleva para nuestro cuerpo comerse una fruta a un bollo industrial.
Reto personal
Cuando me adentré en este reto personal me fui dando cuenta de que era una drogadicta de muchos alimentos ultraprocesados que estaban en mi día a día, que no los consideraba nocivos y por tanto los comía sin parar, como eran el chocolate blanco, el cola cao, incluso la salsa de barbacoa y siempre me echaba como mínimo 2 stick de azúcar en el café.
Hoy, 6 meses después, no me echo nada de azúcar en el café y no lo siento excesivamente amargo ni me repugna, es más ahora el café me gusta.
Resulta duro cambiar tus hábitos alimenticios, pero a día de hoy puedo decir que he ganado en salud, ahora tengo más apetito por cosas sanas, he encontrado motivación en el deporte, llevo varios meses sin sentir dolores menstruales, me siento mejor conmigo misma, ¿casualidad?
Cambio de hábitos
Antes de empezar a cambiar tus hábitos tienes que darte cuenta de que va a ser una lucha diaria, que vas a tener que combatir contra tu cerebro porque este te va a pedir azúcares, harinas refinadas, etc. Es decir, bollería industrial, bebidas energéticas… Lo que estamos habituados a comer. Pero como todo hay que ir paso a paso, por ejemplo, antes solo comía chocolate blanco y detestaba los otros tipos de chocolate porque me parecían demasiado amargos, pero un día empecé a probar el chocolate con leche, luego el negro 55% y ahora como el del 72% y me parece que tiene un sabor demasiado dulzón. Con todo esto quiero decir que es cuestión de habituarse, de ponerse retos continuos y de evitar de que no entre tanta comida ultraprocesados en tu casa, así evitarás comerlo.
¿Qué he conseguido?
He llegado a ganar gusto por los alimentos, ahora disfruto lo que como; la fruta antes me parecía insípida, las verduras eran inexpresivas… Y ahora le encuentro el sabor natural a todo. No está todo tan soso como creemos.
Las frases típicas como “esta fruta ya no sabe como la de antes” puede que en parte esté propiciada porque ha cambiado nuestra percepción del gusto, que está siendo alterada por otros alimentos que tienen excesivo azúcar.
¿Por qué no pruebas a comer más fruta? O el yogur natural al adulterado con mermeladas extrañas, o a ponerte a ver tutoriales en YouTube de cocina y a experimentar, en preguntar a tu abuela por cómo era eso de las conservas, en ver que lo mismo la crema de cacahuete es más fácil de hacer de lo que te piensas… Antes de meter tanto químico al cuerpo.
Yo no soy nutricionista y nunca lo seré todo esto que he escrito es lo que he ido aprendiendo de la mano de Carlos Ríos y su equipo de profesionales.
Con algo tan sencillo como seguirles en Instagram y ver, día tras día, sus memes, sus “pimientazas” y toda la información que transmite a diario ha conseguido me haga realfooder y me pregunte, ¿a quién dejo entrar ahora en mi cocina?
Importancia de la información
Informaros, porque la información es poder y detrás de investigaciones a cerca de lo que es y no sano hay importantes marcas que están pagando a periodistas, influencers, científicos, investigadores para que te llegue a ti, como consumidor la idea distorsionada de que comer ciertos alimentos son sanos o no tan “dañinos” para tu cuerpo.
Muévete, actúa, lee las etiquetas, busca en Internet que es eso de las harinas refinadas, mira el documental de la 2 de “Bañados en azúcar”, pregúntate que es esto que acabas de leer, mira el programa de “how it made” y créeme te pensarás dos veces antes de volverte a llevar una salchicha de Frankfurt a la boca.
Si queréis saber más:
@Carlosriosq,
@realfooding_
@academia.realfooding
Texto autor: Marina
Textos del autor:
La teoría del iceberg (He llegado a mi meta)