Aún recuerdo la primera vez que te vi, probablemente tú ni siquiera sabías que yo existía, pero recuerdo cuando te vi sentado en las gradas del campo de fútbol y escuché tu risa, esa risa que desde un primer momento me pareció preciosa.
Pasaba el tiempo y te veía por los pasillos, de nuevo tú no sabías que te miraba de vez en cuando y mucho menos sabías que me llamabas la atención, recuerdo que hasta le dije a que una amiga que había un chico en el instituto que me parecía mono. Más tarde conocí a una chica que me hizo sentir cosas nuevas y mis miradas pasaron a ser para ella hasta que un día cualquiera, sin yo esperarlo aquel chico mono se acercó y me tocó el pelo, pensé: que raro ¿por qué me ha toca el pelo si apenas me conoce? Pero en ese instante supe que te tenía que conocer.
Pero en ese instante supe que te tenía que conocer
Llegó el día de las fiestas de primavera y bendito el destino que movió sus hilos e hizo que a raíz de una historia de WhatsApp que no comenzó, tú y yo nos conocimos y tras un día de playa en abril nos vimos, por primera vez, como algo más o al menos eso fue para mí. Lo que pasó durante ese mes que estuvimos hablando prefiero olvidarlo porque mientras yo me hacía ilusiones tú… En fin ya sabes.
Pasó el tiempo y nos dimos nuestro primer beso, no sé si sentí mariposas o un jodido tornado, pero fuese lo que fuese sentí miedo. Miedo por todo lo que venía, el estar con alguien suponía dejar que me conociese, conociese mis miedos, mis dudas, mi pasado, mis miles de inseguridades…
Llego el verano y te fuiste, no me dio tiempo a casi nada, y el tenerte lejos incrementó las dudas de si merecía la pena dejar que alguien me conociese así; por lo que tome una decisión horrible que me perjudicó más de lo que esperaba. Rompí contigo el dos de septiembre, quise cortar el contacto aunque sabía que era imposible; lo pasé fatal esos días, tenía la necesidad de estar contigo, a todas horas quería hablarte…
El tiempo siguió corriendo y no sé bien qué día nuestros labios se volvieron a juntar un día de octubre y noviembre vino cargado de guerra cuando recibí aquel mensaje tuyo de o todo o nada.
Sin embargo, no eran dudas era vértigo, vértigo porque nunca me habían querido así
Elegí todo con miles de dudas aún en mi cabeza. Sin embargo, no eran dudas era vértigo, vértigo porque nunca me habían querido así, vértigo porque yo no sabía que podía amar tanto a otra persona y me agobié hasta que en ese viaje en invierno vi tu ojos con lágrimas y del dolor que sentí al verte así, del dolor que sentí al pensar en lo que estaba a punto de perder, literalmente, me mareé. Me di cuenta de que te quería al estar prácticamente desmayada y lo único que quería era que tú cogieras mi mano.
Aunque las peores cicatrices no se ven a simple vista
Tras volver del viaje hemos pasado lo mejor y lo peor, lo mejor porque contigo todo fue bien pero comenzó una etapa de estrés y de sentirme sola, de ver que si no era contigo yo no era nada, por suerte poco a poco estoy superando esa etapa y los nudillos están cicatrizando, aunque las peores cicatrices no se ven a simple vista.
Ahora… Ahora estoy superando otro bache que se nos ha puesto en el camino tras un año de idas y venidas, un año en el que me he dado cuenta de que conoces mis sueños casi tan bien como yo. Me hiciste el mejor regalo del mundo, tanto por regalarme mi preciada rosa azul como por enmarcarme en una prenda de ropa mi lema de vida y me has regalado lo que siempre me ha salvado cuando estaba mal: los libros.
Ahora nos espera otra temida prueba: el verano.
Solo te pido que te acuerdes de mí que te acuerdes de esta historia y que siempre hay un septiembre prudente que barre todas las locuras del loco verano, que aún nos que mucha historia, aún nos quedan muchos inviernos en la playa.
Escrito por:
Irena Garay
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