En esta entrada vamos a ver los pasos que debemos dar para comprender cómo maduramos emocionalmente. No es una cuestión de tiempo. Es una cuestión de querer madurar
Te has preguntado: ¿soy madura emocionalmente?
Cada uno tenemos nuestro tiempo para madurar por lo tanto es “una paja mental” sentirnos mal ante la pregunta de: “¿soy yo maduro?”. En la fruta es muy fácil verlo, si está blandita y con jugo… está madura. En los humanos casi, casi, es parecido. Piénsalo con una sonrisa, cuando te sientes receptiva (blandita), cuando te sientes con menos ataduras con el pasado (jugosa), cuando mires el futuro con confianza… es que has madurado.
Qué es madurar emocionalmente
Madurar emocionalmente es alejarnos del pasado, vivir el presente y confiar en el futuro, suena bien… pero… ¿te parece que no es para ti?… pues yo sigo, porque seguro que en algún momento de tu vida necesitarás, por lo menos, de cierta madurez. De equilibrio en tu forma de vivir.
Dejamos de pensar que la vida es mágica para saber que el mago somos nosotros
Madurar es, aceptarnos tal y como nos conocemos y desde ahí abrirnos al futuro. La madurez no es una carga, ni cosas de “mayores”. Es saber, desde la mente y el corazón que en la vida no conseguimos todo eso que “deseamos”, pero que nuestros deseos se convierten en realidad cuando ponemos los medios para conseguirlo. Dejamos de pensar que la vida es mágica para saber que el mago somos nosotros porque nosotros somos los que dirigimos y vivimos nuestra vida. Nadie la vive por nosotros.
Por qué nos cuesta madurar emocionalmente
Hay veces que rechazamos madurar porque entendemos que la madurez es una etapa de nuestras vidas donde la diversión, las “locuras” ya no tienen sitio.
Solemos asociarlo a hacernos mayores, serios y aburridos y no es verdad…
Madurar lo asociamos a hacernos mayores, serios y aburridos y no es verdad… o es una verdad a medias. Dejamos de hacer «locuras» sin sentido, muchas veces por «complacer» al otro; para hacer «locuras» que nos gustan y que deseamos hacer. Y nos responsabilizamos de nuestros actos. El tiempo nos trae muchas cosas pero entre ellas no está la madurez emocional. El que quiere ser maduro, tiene que seguir su proceso
4 Pasos para madurar emocionalmente
Madurar emocionalmente es una tarea que requiere esfuerzo y lo hemos conseguido cuando hemos aprendido a:
1º Separarnos del pasado. Le hemos dicho adiós y le hemos dicho adiós porque hemos cerrado nuestra heridas de juventud, de la infancia. Hemos contactado con nuestro dolor real, lo hemos aceptado pero no nos hemos quedado en él. Dejamos de vivir con ataduras emocionales que nos impiden tener nuevas experiencias.
Dejar el dolor atrás nos puede producir vértigo
Dejar el dolor atrás nos puede producir vértigo, vértigo a una nueva caída pero la persona que ha madurado emocionalmente comprende que la vida no es segura para nadie y que agarrarse a un dolor antiguo solo acarrea más dolor presente. Y convivir con un dolor “abuelete”, no mola.
2º Dejar de quejarnos. ¿No os ha pasado encontrados con personas “quejicosas”? Son personas que a través de la queja obtienen unos beneficios (normalmente atención) que no saben encontrar de otra forma. Saber cubrir nuestras necesidades, sin quejarnos, es signo de madurez. Y no estoy hablando de estoicismo (yo, no necesito a nadie), estoy hablando de responsabilizarnos de nosotros mismos en relación con el otro. Hablo de aceptar (sin queja) o de cambiar (para no seguir quejándonos de una situación que vivimos)
3º Pagar nuestros gastos. Importante. Vivir de nuestros ingresos forma parte de la autoestima. Y la autoestima forma parte de la madurez. Si pedimos prestado, que no es ninguna deshonra, lo devolveremos cuanto antes, damos las gracias y ajustamos nuestros gastos.
4º Comprender al otro: Saber escuchar. Oír al amigo, familiar, conocido pero sin dejarnos desbordar por el sentimiento que nos transmite. Sin necesitar “salvar” a nadie. Cada uno tenemos nuestra vida y es humano ayudarnos, pero si somos maduros, no caeremos en sus redes emocionales para sentirnos atrapados en ellas.
Somos emocionalmente maduros
cuando hemos aprendido a escuchar sin peros, nuestras necesidades presentes,
y ponemos los medios para satisfacerlas
y además lo hacemos con un sentimiento placentero y responsable.