Me quedé dormida con tu abrigo esperando a que volvieses.
Desde entonces me niego a usar otro pijama.
El portazo fue tan grande que rompió en pedazos lo que tengo yo adentro
y no dejaste despedida. No sé si sabes que eso es de mala educación.
Eres un egoísta porque te has llevado la primavera. Y como última declaración de amor te diré que no me mereces.
Entérate. No te mereces ni los corazones que ahora dibujo en los márgenes ni las frases de Escandar que a ti me recuerdan.
Me das asco.
Y rabia, mucha.
Por haber permitido que lentamente me enamore de ti. Por haber jugado conmigo como una niña que juega con una muñeca incansablemente hasta que le regalan otra. Y que entonces queda abandonada.
Olvidada de la manera más triste en la estantería y obligada a mirar cómo juegan igual que lo hicieron contigo. Y con la misma sonrisa de felicidad. Pero sin ser ella yo.
Nunca más yo.
También por haber dado el mínimo siempre y que yo tan al máximo apreciaba, haciéndome creer que simplemente eras así. Por haberme convertido en abogada y defensora de tu nombre. Por haberme hecho ludópata en tu juego y haber apostado todo a ti. Y haber perdido.
Has cogido todas y cada una de mis ilusiones y las has puesto tu nombre. Me has ido enganchando a ti como el veneno al que son adictos todos los fumadores. Y ni con terapia alternativa soy capaz de dejarte. Ni a ti ni a tu sonrisa endiablada y tu voz con espinas.
Te odio. Te odio. Te odio.
Te odio muy fuerte y demasiado.
Pero nunca olvides:
Si algún día la nostalgia te viene grande, si algún día me vuelves a pensar,
puedo ser tu viaje de vuelta a casa…
Escrito por:
Sara de La Fuente