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Nunca debí convencerme de que eras mi calma.

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Nunca debí convencerme de que eras mi calma.
Nunca debí dejar que tú fueses el que secases las lágrimas que derramé por ti.
Nunca debí pedirte que me ayudases a curar las heridas que tú mismo provocaste.
Me refugié de la lluvia entre tus brazos, cuando tú eras la tormenta.
Te busqué cuando todo estaba a oscuras,
sin saber que tú eras el que me tapaba el sol.
Dejé que me arropases cuando tenía frío, siendo tú el invierno.
Nunca, jamás, debí dejarme llevar por el falso consuelo que puede proporcionar la persona que causa la tristeza.
Nunca debí engañarme con un placebo, sin buscar la cura.
Nunca debí elegir  el camino fácil,
después, caminando, contar todas las piedras que había.
Había montones, en un camino sin fin..
Así que decidí darme la vuelta y andar por otros senderos. Tal vez así podría encontrar a dónde quería llegar realmente.
Y ahora que de mis cicatrices empiezan a nacer flores,
ahora,
eres tu quien llora.
Ahora eres tú quien llora por las noches,
ahora quieres hablar.
Ahora quieres cambiar.
Ahora te has despertado y te has dado cuenta de que esta vez me he ido de verdad,
ahora te preocupas,
ahora ya te asustas.
Ahora eres tú quien llora. Y pretendes que yo llore contigo.
Y te aseguras de que me dé cuenta de que lloras por mi ausencia.
Ahora que ya lloras, dices que es por amor.
Pero es por dependencia.
La misma que tuve yo un día.
Que no es hoy.
Ahora eres tú quien llora y no diré que me alegro de tu angustia.
Si me alegro de algo,
es de que por fin puedas entender lo que es ver escapar tu bote de oxígeno hacia la superficie,
mientras tu te has quedado atascado en las profundidades.

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