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Los recuerdos nos mantienen vivos

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Ellos nos mantienen vivos, nos sirven de refugio…    Los recuerdos son esos pensamientos que sabemos que son nuestros.  Nos dan nuestra identidad.  Con ellos nos reconocemos,  como en un libro de historia, por donde y como hemos transitado por el tiempo.  Muchas veces, algunas más de las que nos gustar aceptar, los recuerdos nos encadenan y no nos dejan abrir la puerta a experiencias nuevas que nos generan nuevos recuerdos.

 

Nuestra vida en una fábrica de recuerdos y también de olvidos.

 

Vivimos nuestra vida hora a hora  pero las horas se convierte en importantes, buenas o malas cuando la recordamos.  El recuerdo nos proporciona ansiedad, nostalgia o rutina.

No podemos recordar porque nuestra mente nos protege.  Nuestro yo no nos quiere hacer volver a vivir, a través del recuerdo, un hecho que no comprendimos o que nos causó dolor…  pero no te confundas:  ese recuerdo que no revivimos influye en muchos momentos de nuestra vida actual. Es nuestro inconsciente manifestándose a través del miedo. 

También nos encontramos con lo contrario:  recuerdos agradables que queremos repetir y que no llegan a producirse con la misma intensidad.  Todos recordamos el primer beso.  Hemos recibido más muchos más, pero en una tarde tranquila nuestra memoria nos lleva a ese momento y lo revivimos con nostalgia como si nunca pudiéramos vivir otro momento igual. Lo hemos idealizado…  y querer sentir lo mismo es pueril…  las circunstancias son distintas para que el “suceso” se repita de igual forma:  No somos un producto de laboratorio donde podemos controlar las innumerables variables de un suceso.  Gracias a Dios.  Somos seres únicos, viviendo momentos irrepetibles.   

 

“Que los recuerdos sean alas, nunca cadenas” – Sara Buho

 

Buena reflexión con la que coincido porque los recuerdos deben de ser alas que nos permitan volar a los lugares a los que queremos llegar y de esta forma no hay ni malos ni buenos recuerdos…  son experiencias que vivimos y de las que partimos, experiencias que nos transmiten la fuerza necesaria para dirigir nuestra vida por el camino que deseamos.

Nos aferramos a los recuerdos y a las personas  cuando nos da miedo vivir, cuando lo nuevo nos resulta extraño y los buscamos, desesperadamente, para encontrar la razón por la que NO podemos arriesgar una vez más.  Nuestro hilo conductor, el que nos hace reconocernos a nosotros mismos como distinto al otro, son los recuerdos que toleramos y que nos permiten estar en un área de confort, por conocido:  “podemos hacer predicciones”.  Esta forma de actuar nos da seguridad. 

Los recuerdos me mantiene viva, más viva que el mero hecho de vivirlos.  En el recuerdo siempre somos los protagonistas.  Los vivimos en primera persona y los demás son los príncipes o tiranos.  Construimos la historia: el tema soy yo y yo pongo la trama.  Siempre saldrá a nuestro favor porque lo más importante del recuerdo es que nosotros estamos en él. 

Pasado y futuro…., igual da,  si es el recuerdo el que manda en nuestra forma de existir.

El recuerdo = Fantasía,  es lo que prima en muchas formas de nuestra vida, privándonos de disfrutar del momento presente hasta convertirlo en RECUERDO

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