El consumismo en la sociedad actual es un tema que está en boca de todos.
Nos hablan de ello: psicólogos, sociólogos y hasta políticos. Nos gusta comprar y este acto tan común a todas las personas forma parte de nuestro vivir diario. Entonces ¿por qué es un tema de controversia? ¿por qué nos hablan continuamente de una actividad que sirve para satisfacer nuestros deseos?
El hecho de consumir, de comprar, no tiene moral. No es ni bueno ni malo. Hemos consumido desde siempre, también los animales y plantas lo hacen, porque todos debemos buscar y adquirir lo que se nos presenta como necesario en nuestras vidas.
Si no lo conseguimos es que vivimos en la pobreza, y la pobreza no es buena compañía. El consumismo toma importancia en el siglo XX y es hijo legítimo del capitalismo y de la mercadotecnia y publicidad y aquí con la publicidad es donde empieza todo el lío, porque la publicidad no sólo nos da a conocer un producto. El objetivo de la publicidad es generar en nosotros nuevas necesidades y no dejan de bombardearnos con que si no utilizamos tal o cual colonia no somos románticas, o no triunfamos en el mundo empresarial. Si no vestimos con una u otra marca estamos fuera de “onda”. El producto lo convierten en nuestro “yo”.
Los productos que utilizamos son nuestro “yo”, nos diferenciamos y nos definimos por ellos. La publicidad juega con nosotras vendiéndonos deseos sutiles más que productos concretos. Es el mundo de la sugestión. Y caemos en él, sin darnos cuenta. El capitalismo, padre del consumismo, ha sabido hacerlo bien. Al principio de su desarrollo,siglo XX, socialmente se confería mayor prestigio al los que eran más ricos. Socialmente ya no era la cuna, era el dinero y tu capacidad para adquirirlo lo que te incluía en una u otra clase social pero no se veía con buenos ojos el despilfarro.
La gente tenía dinero pero vivía de una forma frugal. Se ridiculizaba a los nuevos ricos que hacían ostentación de su nueva situación económica. Pero este comportamiento cambió cuando sus fortunas se hicieron más seguras y quisieron deslumbrar al rival mostrando cuánto podían comprar y se convirtió en una carrera: tú tienes pero yo tengo más. Y es una carrera que no tiene fin y que de las clases económicamente fuertes ha pasado por ósmosis a todas las clases sociales.
El sistema capitalista produce bienes y necesita venderlos y hay stock que hay que sacar adelante porque si no producen pérdidas, y aquí entra en juego el bombardeo de la publicidad, las rebajas, y el que nos inciten continuamente a que compremos jugando con nuestras ilusiones…. Tú y yo ¿cuántos productos de cocina, de maquillaje, de vestimenta tenemos en nuestra casa que hemos comprado sin pensar si lo necesitamos o no?
Eso es el consumismo: comprar por comprar. No satisfacemos ninguna necesidad. Satisfacemos el deseo de comprar porque este deseo se ha convertido en un bien en sí mismo. Vivimos en una sociedad de consumo y esto también significa que vivimos en una sociedad desarrollada e industrial. Tenemos esta suerte, pero también tenemos que ser conscientes que dentro de nuestro estilo de convivir podemos destinar recursos importantes a deseos fútiles y dejar sin cubrir necesidades más primarias y muy humanas. Nos referimos a calidad frente a cantidad. Nos referimos a saber elegir y no sólo dejarnos llevar por la sugestión de la publicidad y el “humo” que nos venden para incrementar el beneficio de las grandes empresas. Hoy no sólo compramos bienes, el consumo también abarca el sector servicios ya que tenemos más tiempo libre y una mayor disposición económica.
Otro tema en el que pensar: ¿Qué hacemos con nuestro tiempo libre? Concepto que nos diferencia, que nos individualiza: El tiempo. ¿El tiempo se ha convertido también en un producto de compraventa?
Parece que sí, si no escuchamos lo que realmente queremos hacer y nos dejamos llevar por lo que nos dicen que tenemos que hacer para “no quedarnos atrás”, y no sólo los comerciales, también los amigos y familia cuando nos bombardean con ideas que tenemos que materializar sin pensar en nosotros como individuos con gustos, igual diferentes, a los que llenan las redes sociales o los anuncios de publicidad. Al final lo importante es que tu “mandes” en tus compras.