La anorexia es esa terrible batalla que miles de chicas y chicos sufren en silencio. Es otra de las odiosas enfermedades invisibles del siglo XXI. Está ahí, pero no se habla de ella, no se menciona, al igual que la mayoría de las enfermedades que tienen un componente mental.
La anorexia o la bulimia. Enfermedades que se asocian a perseguir ese ideal de belleza inalcanzable. Muchas son las voces que se alzan criticando a los medios de comunicación por enseñar cuerpos muy delgados y con una belleza que la mayoría de los mortales no puede conseguir.
Aceptémoslo. No importa el ejercicio que hagas, no importa lo que te esfuercez por dejar de lado los azúcares, los hidratos de carbono… y en general, las grasas saturadas.
Todos llevamos con nosotros la temible genética, y ante eso no hay mucho que hacer.
La anorexia es una enfermedad mucho más profunda y menos superficial de lo que parece. Pensémoslo. ¿Por qué alguien querría cambiar su cuerpo si estuviese feliz? La anorexia y la bulimia nacen de un lugar de insatisfacción con la vida y con uno mismo. No deja de ser una forma de lidiar con un problema interno, que se manifiesta en una imperiosa necesidad por tener el control sobre nosotros mismos y lo que nos rodea. No podemos hacer que nuestro padre nos haga caso, no podemos hacer que a nuestros padres les toque la lotería, ni que nos dejen de hacer bulling en el colegio. No podemos hacer que vuelva la abuela que falleció hace un par de años llevándose consigo la alegría de mamá.
Hay miles de cosas que no podemos controlar. Queremos ser felices y buscamos esa felicidad a toda costa. ¿No es eso al final del día lo que todos perseguimos en esta vida?
Nos enseñan en la tele a chicas guapas y felices. Asociamos la delgadez a que nos quieran, a gustar al otro.
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