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Irse a vivir a otra ciudad por amor

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La vida a veces te pone esos retos que marcan un antes y un después. Tienes tu vida organizada, un trabajo, y a tus amigos y familia cerca. Todo es un mismo lugar, todo junto. Las cosas son fáciles. Si un día tienes un mal día basta con una llamada para que una amiga se presente en tu casa con una tarrina de helado dispuesta a hacerte reír hasta que no puedas más. Si tienes una duda existencial puedes quedar con tu madre a tomar algo en una terraza para que te de esos consejos que solo ella sabe darte. Si tienes un día pachucho puedes pasar por casa de tus abuelos, y tu abuela te preparará una comida de esas que solo ella sabe cocinar.

Pero de pronto todo se desmorona. Lo que empezó siento una aventura de verano, poco a poco se fue convirtiendo en algo más. Él empieza a ocupar un lugar importante en tu vida, quizás el lugar más importante de tu vida. Es en él en quien piensas cuando tienes un mal día y es a su casa a la que vas cuando necesitas despejarte y sentirte en casa. Porque la palabra casa a cobrado un nuevo significado. Ya no son 4 paredes y un techo. Ahora tiene un nombre, y es el suyo.

Todo encaja, las cosas son perfectas y no puedes sentirte más feliz. Por fin le encuentras el sentido a tu vida. En tu cabeza todas las piezas de tu vida empiezan a encajar y todo es perfecto. Empiezas a pensar en cosas en las que antes no había ni pensado y todo adquiere un color especial

Solo hay un pequeño problema que habías dejado pasar por alto para no tener que pensar demasiado. Él no vive en el mismo sitio que tú y tiene su vida hecha a miles y miles de km de donde vives. Acaba el verano y llega el momento de regresar a casa, de dejar esta aventura temporal y volver de vuelta a la realidad.

¿Y si no quieres volver de vuelta a la realidad? ¿Y si esta nueva realidad es la mejor de todas?

La vida es corta, demasiada. No lo pienses mucho. Viaja. Ve. Rehaz tu vida en otro sitio.

¿Qué es lo peor que te puede pasar?

La verdad es que el consejo es ¡vete! siempre y cuando sepas que tienes una relación en la que crees, no tengas responsabilidades grandes y todavía estés en ese momento de arriesgar en la vida.

No hay que tenerle miedo al cambio, de todo se sale, y el amor es una de las cosas más maravillosas de este mundo. Pero los cambios hay que hacerlos con cabeza y no a lo loco.

Vete si os queréis, si crees que puedes tener una vida con él. Vete si te va a aportar algo vivir fuera, por ejemplo: crecer como persona, salir de tu zona de comfort o aprendes un nuevo idioma. Vete si tienes dinero y no tienes que dejar un trabajo estable para encontrarte perdida en un nuevo sitio.

 

Vete sólo si dentro de tu corazón hay algo que te dice que tienes que hacerlo. Si es así, no lo pienses mucho. A veces el corazón nos da señales reales, de lo que realmente queremos, con lo que vamos a estar bien. Mientras la cabeza se encarga de racionalmente inventar mil excusas de por qué tenemos que quedarnos donde estamos. Quietos. Sin cambios.

A eso yo le llamo miedo. Dile adiós al miedo y Hola a tu nueva vida.

Photo by Shifaaz shamoon on Unsplash

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