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Cuando vuelves a casa por Navidad

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Estás en el medio de dos mundos. La universidad está apunto de acabar, pero todavía no has entrado de todo en la etapa adulta. Vuelves a casa por Navidad.

El sentimiento que te llena es el de estar como “ entre medio”. Te da la sensación de que tu vida ya está en otro sitio. Tu trabajo o estudios está en otra ciudad, y  has hecho nuevos amigos que son como una familia postiza. Te has despedido de ellos con lágrimas en los ojos a pesar de que los verás en un par de semanas porque estarán a km de distancia. Y ellos se han convertido en ese punto de apoyo durante todos estos meses en los que has estado fuera.

Llegas con sentimientos encontrados. Te encuentras con que hay cosas que antes eran el día a día y ahora han cobrado un nuevo sentido. Dejaste en  casa de tus padres tu pasado, tus recuerdos. Y al llegar  nacen sentimientos que no sabías que existían hasta ahora..

La casa de tus padres está llena de pequeñas piezas de lo que eras y algunas de lo que sigues siendo. Los peluches que descansan en la cama tal y como lo dejaste recuerdan tu infancia y ese lado inmaduro que se quedó ahí cuando decidiste salir de tu zona de confort y enfrentarte sola a la vida. De hecho, la habitación está intacta, tal y como estaba el día que saliste de casa para enfrentarte a lo que sería tu nueva vida.

Observas las fotos que cuelgan de la pared, todos los momentos vividos. Te sorprendes dándote cuenta de lo pequeña que eras. Recuerdas lo que te importaba lo que la gente pensara de ti y todas las mentiras que le tenías que contar a tu madre para pode salir por la noche. Te das cuenta de lo que has madurado y de que ya no te importa lo que la gente piense de ti, porque sabes que hay cosas que son mucho más importantes.

En el salón también parece que todo sigue tal cual lo dejaste. Tu familia habla en la cocina mientras  tú buscas y observas los pequeños detalles que indiquen que el tiempo ha pasado, que ha habido vida en estas cuatro paredes durante el tiempo que has estado fuera.

Notas que tu perro está un poco más mayor, y que le cuesta un poco andar. Entre risa y risa, notas que estás en casa, esa sensación de protección y cercanía, pero al mismo tiempo te sientes como un invitado que lo ve todo como en tercera persona.

Conduces por las mismas carreteras que siempre, esas mismas por las que pasaste durante tantos años. Antes conducías y andabas por esas zonas como en autopiloto, en cambio, ahora tienes que pensar por donde vas. Ya no es tan natural como antes solía serlo. Pasas cerca de tu colegio y te entra un sentimiento de nostalgia. Ves a los niños saliendo de clase y llegan a tu mente muchos recuerdos. Parece que todo es igual, pero todo es distinto. Es un periodo de tiempo que no vas a recuperar. Puedes ver que todo es familiar, pero nada será igual que cuando tenías 16 años. Tus amigos son personas distintas, y los miembros de tu familia también. Cada una de las personas que conociste cuando tenías 16 años son ahora gente distinta. Y no es una cosa mala. Simplemente las forma en la que eran las cosas a los 16 años son un recuerdo ahora. Y eso lo hace todavía mucho más especial.

Volver a casa es extraño porque es una forma de reconocer que las cosas no van a volver a ser iguales. No van a volver a ser tan inocentes como lo eran. Tampoco vas a sentir que tienes todo el tiempo del mundo por delante.

No es que seas muy mayor y ya no te quede tiempo. Pero has llegado al punto en el que te das cuenta de que si quieres algo tienes que ir a por ello. Tienes que dejar de lado el “ yo intentaré en algún momento” “quiero hacer eso cuando crezca” Es ahora cuando están ocurriendo las cosas e ir a casa solo hace que eso se acentúe.

Parece que da miedo. Quizás todavía no saber lo que quieres o lo que quieres hacer. Ir a casa te hace sentir raro, pero también te recuerda que debes seguir trabajando para ser esa persona que a los 16 años querias ser.

 

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