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Aprende a volar

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Una vez que aprendes a volar
renuncias a volver a tocar el suelo. 
Cuando llegas al punto en que aprendes a valorarte sin ponerte un valor que te limite.
Ese momento en que abres los ojos y te encuentras de frente con la maravillosidad de la diversidad de pensamientos. 
A nadie le afecta nada por igual. Nadie te ve de la misma forma que otra persona. No sentimos todo ni casi nada como los demás. 
Y eso es lo bonito de esta vida. 
Lo impredecible. 
No solo lo malo llega sin avisar, también lo hace lo bueno.
De dos personas que observan tus movimientos por igual pueden salir miradas que matan o caricias que recontruyen.
La imbatible sensación de comprender que tu gris es más que eso. 
Dar dos pasos y medio
buscando que te encasillen dentro de la perfección no te va a servir de nada.
No te va a llevar a la perfección. 
Siento llevarte a la decepción de descubrirte que eso no existe. Que nos han llevado al extremo de la cuerda que nos hace buscar la perfección en lo que es inmensamente precioso sin serlo.
Impón en tu mente 
que nunca se puede pretender 
que todos te digan que sí
en un mundo en que también existe el no. Y el no sé; el no me fío y el a mi me da igual.
Es todo mucho más complejo de lo que nos limitamos a ver. 
Nadie es solo lo que se ve.
Aprende a volar
nadie es solo lo que se ve.
Es todo mucho más complejo de lo que nos limitamos a ver

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