Hola, Julio, mes de la ansiada y efímera felicidad. Mes de la nueva vida que llevamos en verano, de las historias imposibles y del “todo vale y nada cuenta”.
Como cada año, has cumplido todas mis expectativas e incluso las has llegado a superar. También aún en tu línea, has empezado dejándome un amargo sabor de boca por todo lo que se acaba y me he sorprendido pidiendo a Junio que se quedara un ratito más. Porque este año más que nunca, la sensación de que todo nuestro mundo se disuelve es real. Junio, gracias de nuevo.
Pero tú, mi queridísimo Julio, has llegado con los bolsillos a reventar de nuevas experiencias. He crecido contigo de mi mano. Me has llevado hasta mis familiares y viejos amigos y me has presentado a nuevos, que han acabado siendo tan buenos como los viejos. Me has hecho dar mil vueltas en dos días, de aquí para allá sin parar.
Me has sacado a pasear por todos los bares que nos quedan a mano, y también por aquellos que no tan a mano están. Me has llevado a mil pueblos que han acabado siendo miles de historias que nunca más se contarán, porque ya pertenecen a una vida pasada, a un mundo que ya solo es recuerdo. Me has asustado y me has reconfortado, porque así eres tú siempre: las sensaciones a medias no te van.
Has acabado de la misma forma en que empezaste, cerrando el círculo, bonito pero triste.
Ahora me toca sonreír a Agosto, que de momento lo está haciendo muy bien.
Ya sabes Julio que siempre te querré de una manera única e intensa. Te espero ya.