Una vez leí que subirse a hombros de gigantes siempre te da la posibilidad de mirar más a lo lejos… así que sueña grande. No le tengas miedo a la caída, en caso de aterrizaje forzoso siempre habrá alguien listo para sujetarte, para ayudarte a levantar cabeza de nuevo.
Que no podemos ir por la vida pensando que hay que ser realistas, que tenemos que hacer de esta vida una extraordinaria. Porque es que igual es la única que tenemos ,y si algo sé de fijo es que todos los relojes de este mundo se pararán, y nunca sabemos cuándo lo hará el nuestro, así que aprovecha esta incertidumbre; tenla más miedo a ella que a la posibilidad de caer, porque de esta segunda te juro que salimos.
Si apuntas a la luna y fallas, vas a estar entre las estrellas
“Que si apuntas a la luna y fallas, vas a estar entre las estrellas”, siempre me decía Ella, la luz de mi túnel, así que no dejes que tu mala puntería te impida apuntar al objetivo de los mil puntos. Porque lo mismo ni te acercas a la diana, pero, ¿y qué pasa si le das de lleno?
Porque, sí, es un tópico muy común, pero si la vida es un juego de cartas, tendremos que aprender a jugar con las que nos han tocado. Y esto supone aceptar que en la vida las cosas vienen y van, y por ello hay que saber quedarse con lo bello de cada amanecer y de cada anochecer, y, más importante aún, con lo bello de las personas con las que los vives. Porque cuando decides convertir en sustento y motivo de sonrisa del alma todas aquellas historias que te hicieron sentir vivo una vez, pasan a ser eternas y resuenan más allá del infinito, con toda la fuerza que reírnos de la vida y de nosotros mismos nos permite.
Cada vez caigo en una estrella más bella
Pero, a veces, dejar ir se siente imposible. Desgarrador. Sí, soltar la cuerda cuando ya ahoga es lo más valiente que me ha tocado vivir y, sinceramente, creo que ese fue el primer paso que di hacia mi gigante, ese mismo al que ahora miro desde arriba… Y, es que, aún tras trece mil intentos sigo apuntando a la luna. Cada vez caigo en una estrella más bella.
La vida es, dolor y llorar, a la vez que reír, sentir y experimentar
Y a cada tiro que lanzo no solo me estoy acercando más a mi meta. No, estoy haciendo mucho más, estoy viviendo mucho más. Porque a veces dejas que la vida sea la que te guíe, y entonces llegan personas preciosas, que te regalan momentos preciosos y te hacen querer más, más de todo. Te hacen querer seguir tirando, aún cuando sabes que vas a llorar, aún cuando sabes que, a veces, serte fiel a ti mismo duele. Porque te enseñan que eso es la vida, dolor y llorar, a la vez que reír, sentir y experimentar… tan bonita como amarga. A esas personas yo las llamo magia.
Sigue fabricando nuevos presentes
Así que sigue fabricando nuevos presentes; algún día, sin que te hayas dado cuenta, se habrán convertido en historias, historias de cuando estuviste en el espacio. Historias de todo (y todos) lo que fuiste. Historias sobre gigantes y apuntar lejos.
Y seguramente ahora estés pensando que se me va la olla, que soy una ilusa ya que me voy a caer mil veces más de las que me voy a levantar y aún así me niego a dejar que mi felicidad se vaya corriendo de mi lado. Pero es que ya he estado en el fondo del pozo más veces de las que me gustaría admitir y te aseguro que incluso el trepar por sus paredes para salir es mil veces mejor, y que querer ser más y llegar más lejos, ser incluso más feliz no significa que las heridas, tanto las de la piel como las del alma, no te puedan doler, no. Simplemente significa que soy humana y las cosas me duelen. Pero también soy fuerte y valiente y cuando la herida cura me levanto y sigo andando.
Es una suerte tener a alguien por quien las despedidas se nos hagan duras
Entonces, en mitad de mi travesía, me llegó la segunda gran cuestión: a veces querer nos provoca dolor, y aun así, todo el mundo me afirma y reafirma que el amor es lo único que nos salva de la muerte en esta vida. Y a esta pregunta le siguieron mil caídas hasta que un buen amanecer de un julio curiosamente caluroso la respuesta me dio en la cara, pillándome completamente por sorpresa… si es que ya lo decía hasta Winnie the Pooh, que es una suerte realmente bonita tener a alguien por quien las despedidas se nos hagan duras. Que lo que nos duele realmente es tirar la cuerda al suelo. Porque si el amor duele, no es amor. Cuando aprendí esto solté mil cuerdas que me quemaron de dolor en el alma en el instante pero luego.
Luego empecé a cargar a mis espaldas menos peso muerto; luego hablé por primera vez con mi gigante: descubrí su nombre y me dio la mano.
Escrito por:
Alicia B