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Tenías todo de mí y decidiste hacerlo trizas

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Tenías todo de mí y decidiste hacerlo trizas. Después de tanto tiempo me siento y pienso, medito sobre tu partida. Quizá todo fue cosa del destino, ponerte en el camino y sacarte de un plumazo. La única explicación que me diste fue que separarnos era lo mejor para mí, y, en cierto modo, también para ti. Decías que necesitábamos un tiempo y yo, agarrándome a eso como a un clavo ardiendo, te creí.

Ahora que ya ha pasado mucho tiempo, tengo dudas, cientos de preguntas que se me enquistan en el pecho y no me dejan respirar. ¿Por qué necesitábamos un tiempo?

Al final, lo entendí.
No de la manera que esperaba.
No comprendí tus motivos.
Descubrí que, cuando amas no hacen falta tiempos, cuando los necesitas es porque dudas y si dudas, no es amor.

Tan simple y claro.

No necesitábamos un tiempo, necesitabas una excusa. Necesitabas huir. Era la primera vez que querías a alguien más que a ti mismo y eso, cariño, te acojonó.

Hoy me siento y lo veo mucho más sencillo, te amo, pero ya no te quiero conmigo.

Quizá vengas un día de estos y me digas que lo ves nítido, que esa miopía emocional ha desaparecido. Puede que te acerques un día de lluvia en el portal de algún amigo en común, que nos encontremos por la calle y te duela tanto que nos saludemos como desconocidos que no podrás evitar sentirlo. ¿Entiendes? En algún momento vas a sentirlo, aunque te de miedo, aunque no quieras. Te chocarás con mi ausencia y te perforará tanto que sentirás que la vida se te escapa entre los dedos.

 

Te chocarás con mi ausencia y te perforará tanto que sentirás que la vida se te escapa entre los dedos

 

Vendrás a mí y te diré que me alegro muchísimo, que lo que teníamos era precioso y que ojalá algún día consigas encontrar a alguien que te quiera la mitad que yo. Que yo ya he sentido esa ausencia, que yo nunca me negué a amarte.

Es una pena. Porque tú sabes que jamás te amarán así, de manera incondicional.

Y es cierto, de verdad que solo quiero que seas feliz, que seamos amigos íntimos sin intimidad. Que nos lo contemos todo y, en realidad, nos guardemos algunas cosas. Esos pequeños secretos que te da miedo decir en voz alta, como las noches que te dormirás entre lágrimas, sintiendo el hueco vacío al otro lado del colchón.

 

Que seamos amigos íntimos sin intimidad

 

Puede que tuviéramos que amarnos para que yo me conociera a mí misma, para que tú aprendieras otra faceta de la vida. Puede que ese tiempo, aunque no fuera necesario, sirviese para algo. Tal vez todo haya sido un proceso de aprendizaje, ensayo y error con el corazón sobre la mesa. Quizá cupido se equivocó y trató de arreglarlo en el último momento.

pero,
sea lo que sea, no volverá a ser.

Eso te lo juro.

 

Escrito por:

Debbie Fawkes

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