“Liberarte de tu propia autocrítica es también liberar a otros de ella. Amarte a ti mismo es un acto de amor hacia el mundo.”
Vironika Tugaleva
Fuiste preciosa y lo obviaste hasta el primer adjetivo que te lanzaron para abrirte una herida que parecía que nunca iba a sanar. Y junto a eso, la inocencia se diluyó en los labios de quien susurra ofensas con el fin de reafirmarse. Quien no ha aprendido que odiar quema, y termina envenenando.
Demoler, echar abajo, todo aquello que te ha ido cimentando con el fin de formarte junto a un exceso de inseguridades.
Te adiestran para comprender que detestarte supone mucho menos esfuerzo que demoler, echar abajo, todo aquello que te ha ido cimentando con el fin de formarte con un exceso de inseguridades. Inseguridades fundamentadas en algo temporal y vacío. Motivadas por la búsqueda de lo superfluo.
Eres inteligente, astuta y ocurrente, en qué instante dejas eso a un lado y concibes que tu aspecto es lo mejor que puedes aportar
Tu existencia se basa en la espera de ese click nocivo y mal intencionado que te hará subsistir en un constante miedo de no agradar a la vista. Y junto a la tuya, la de un exorbitante número de mujeres. Y qué lástima. Eres inteligente, astuta y ocurrente, en qué instante dejas eso a un lado y concibes que tu aspecto es lo mejor que puedes aportar. Cuándo empiezas a despreciar tu aspecto y rechazas el revestimiento que, de distintas formas, te va a acompañar siempre.
Somos preciosas, y este, con certeza, es el momento de empezar a celebrarlo
Iniciemos la época, entonces, en la que nuestro cuerpo sea hogar, caricia, obsequio, y no la fusta con la que castigarnos. Gocemos de él todo lo que nos hemos privado hasta ahora, sin olvidar que nuestra verdadera sustancia, aquella que nos hace despuntar del resto de animales, radica en lo interno. Seamos cómplices de nosotras mismas, y no un perpetuo adversario. Asumamos los juicios como algo inherente a todo ser humano, no como una continua evidencia de lo que no somos. Somos preciosas, y este, con certeza, es el momento de empezar a celebrarlo.
Escrito por:
Marta González