La magia viene a nuestro encuentro
Soñamos que la magia venga a nuestro encuentro
Soñamos con la magia, en primer lugar, porque nos encanta que nos venga de sopetón, lo agradable e inesperado. Con la magia de un encuentro en que la primera mirada nos haga ver estrellas, en un cielo despejado, en una mañana de verano. Y mágico es que encontremos la palabra adecuada pera sin tartamudeos, contestar la pregunta que nos ha hecho mientras pensamos: es él. Seguro que es él. Tener esperanza en lo que consideramos, objetivamente, poco probable es lo mágico.
La magia es: luces blancas que salen con alegría del fondo de un sombrero y no siempre de un sombrero de copa
Además buscamos la magia porque nos gusta que nos sorprendan; nos gusta que la vida nos sorprenda. Desde luego amamos el pensamiento: ¿cómo esto es posible?, ¿cómo puede estarme sucediendo a mí? Nos hace sentirnos especiales, fuera de la rutina y es divertido sentir que nos ocurren cosas nuevas. “Cosas” que hemos acariciado en nuestra fantasía y que hemos dejado volar, esperando el momento en que pusieran sus pies en la tierra. Y hoy, los han puesto, y te sientes como un ser único y el resto del mundo se evapora.
La magia, sin sombrero de copa, es ver como únicos los hechos cotidianos. Nos sorprendemos con el resultado, sin fijarnos en los caminos que nos han llevado a vivirlos. Y concluimos: Es mágico. Y por supuesto, es mágico, porque nadie tiene asegurado conseguir eso, con lo que se sueña.
La magia está en nosotros
Nos gusta la niñez
Nos gusta la niñez porque para los niños todo es mágico, se sorprenden con rapidez, incluso ante lo que ya saben que va a suceder. Como mostrarles un caramelo que tenemos en una mano cerrada. Los niños no sueñan, viven lo que sueñan. Y eso es la magia.
La niñez, la magia del niño
Me gusta pensar que nunca dejamos atrás al niño “ilusionista” que llevamos dentro, porque siempre encuentra lo que busca. Si el caramelo no está en una mano, toca la otra. Y si al abrirse está vacía, vuelve a tocar la primera. Y el juego se repite hasta que desenvuelve su caramelo. Nuestras ilusiones infantiles siguen estando dentro de nosotros, esperando sin prisa, que las veamos materializarse, dentro de una mano abierta que puede ser la tuya, o la tuya… ¿para qué obcecarse? Los niños ilusionistas buscan la mano que contiene su ilusión y en esto, si son obstinados, no cejan en su empeño… aunque los mayores se enfaden.
Llegar a la magia que a todos nos sorprende
Tu niño y el mío están listos para realizar sus ilusiones, si tus pensamientos adultos dejan de cuestionarle. Si las exigencias de la sociedad que vivimos las aparcamos en «el parque infantil» y al niño lo ponemos en la calle. Y así, llegar a la magia que a todos nos sorprende y que necesitamos para vivir. La esperanza es magia disfrazada de adultez. Sin sentirnos mágicos, no conseguiríamos vivir la fantasía que realmente supone vivir. Porque la vida es pura fantasía. Sería bueno que hiciésemos, con la vida, la magia, que todos esperamos vivir. Mágico es que tú y yo, podamos hoy conocernos a través de la fantasía. De la fantasía de unas letras dentro de un «sombrero de copa».